Ariana Harwicz: «Escribir es un acto de violencia, de transgresión»

Hay escritoras que incomodan. Que escriben sin pedir permiso, que no negocian con lo políticamente correcto ni con la corrección literaria. Que arrancan la piel del lenguaje y la dejan al sol. Ariana Harwicz es una de ellas. Y en los próximos días, estará en Paraná.

Escribir es un acto de violencia, de transgresión. No importa el tema. En el momento en que escribís, ya estás desobedeciendo”

Radicada en el corazón rural de Francia —entre viñedos, molinos y ardillas que entran al jardín—, Ariana escribe como quien se agarra de los bordes del mundo para no caer. Es autora de “Matate amor”, “La débil mental”, “Degenerado”, “Precoz”, “Perder el juicio” y también de ensayos como “El ruido de una época”. Su narrativa se tradujo a más de 20 idiomas y fue llevada al cine. Nada de eso, sin embargo, fue un camino fácil. Su primera novela, la misma que hoy es furor en las redes y en el cine, comenzó siendo un proyecto de autogestión.

De la autoedición a Cannes

Cuando publicó Matate amor en Argentina, fue una apuesta autogestionada. “Lo edité yo misma. No conocía el mundo editorial, ni contactos, ni editoriales. Hice una edición mínima, artesanal, con erratas”, recordó. Esa novela, años más tarde, es la que llegó a la alfombra roja de Cannes: producida y adaptada al cine por Martín Scorsese con Jennifer Lawrence y Robert Pattison como protagonistas, fue ovacionada en el festival. Un trayecto de diez años —de fotocopias clandestinas a las pantallas del mundo— que parece un símbolo más de su estilo: sin concesiones.

Prefiero dedicarme al negocio inmobiliario antes que escribir para agradar”, dice. Y se ríe, con la certeza de quien ya hizo su elección.

Lo violento en lo cotidiano

Harwicz no escribe para adornar la realidad, sino para mirar de frente lo que incomoda. Sus libros hablan de maternidades asfixiantes, vínculos que arañan, deseo femenino sin filtro. Pero no como una bajada de línea, sino desde un lenguaje que se desborda, que no busca comprensión sino intensidad.

Enamorarse es violentísimo. Desear, ser madre, vivir en familia, todo eso es violento. La violencia no siempre es una bomba. Está en el almuerzo familiar, en una silla vacía, en saber que vas a morir”, explica.

Así, su narrativa transita esos bordes —emocionales, políticos, existenciales— en los que preferiríamos no quedarnos mucho tiempo. Pero una vez adentro, ya no se puede salir igual.

«Trato de observar la violencia que hay en las cosas, pero en las cosas tranquilas, en un almuerzo familiar, en las relaciones filiales, en las relaciones políticas de suegra con nuera, en la violencia en una tarde de campo tranquila, en el sol que se esconde, la violencia de alguien mayor de edad que sabe que va a morir, la violencia de un nene que acaba de nacer, un recién nacido…»

Una escritura que no busca agradar

Nacida en Buenos Aires en 1977, Ariana Harwicz estudió guion y dramaturgia en la Escuela Nacional de Cine de Argentina, luego se formó en literatura comparada en la Universidad de La Sorbona (París) y se especializó en teatro. Desde hace años vive en el campo francés, en lo que llama su «exilio campestre«.

Desde ese lugar escribe novelas que se sienten como una embestida. Brutal, lírica, afilada, su literatura se apoya en una lengua que inventa, que tuerce el español, que mezcla palabras inventadas con lunfardos, errores gramaticales, argentinismos, frases deformadas: todo para volver a decir lo que ya no se puede decir con las palabras de siempre.

Una mujer que desea mucho todavía incomoda. Incluso en los espacios progresistas, incluso con todos los discursos feministas dando vueltas. Cuando el deseo viene de una mujer, sigue dando miedo, asco, o se patologiza. Mis personajes parecen masculinos, pero no lo son: sólo desean demasiado”.

Viento y río: escribir desde el paisaje

Aunque su ficción no busca la verosimilitud, el paisaje de su vida se cuela igual en su prosa. “Vivo entre granjas, tractores, el molino que hace ruido mientras escribo. Todo eso entra en lo que escribo, aunque no sea científicamente exacto. Puedo poner que alguien corta el pasto en medio de la nieve. No importa. El lenguaje no tiene que ser obediente”.

Así como la violencia está en las cosas pequeñas, también la política aparece en su obra como una nube negra que flota sobre todo. “No quiero ser ventrílocua de la época. No quiero decir lo que se espera que diga”.

La feria, el encuentro, el deseo

En su paso por la Feria del Libro de Paraná, Harwicz no sólo traerá sus libros: traerá una mirada desde la escritura hacia lo humano. Una literatura que no busca resolver nada, sino incomodar, generar hendijas, abrir.

Y quizá eso es lo más urgente que la literatura puede hacer hoy. Como dijo en esta entrevista: “Para escribir una novela hay que tratar de percibir con lucidez. Escribir una novela es un acto espiritual. Y eso es muy violento”.

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