El desencanto en la política: razones y pretextos de un clima de época

“La democracia perdió su deseo”, comienza diciendo Agustina Kupsch, una frase que acuña en su sitio Panóptico Cultural, vuelve a resonar en esta entrevista con la antropóloga y estratega cultural, que analiza las emociones que atraviesan este tiempo político. Más que apatía, dice, lo que se percibe es fatiga emocional, una especie de cansancio afectivo que erosiona la posibilidad de imaginar un futuro común.

Kupsch sostiene que “los vínculos políticos no se sostienen tanto por la evidencia, sino por la emoción”. Y en esa lógica, quienes gobiernan hoy “juegan con el miedo y lo capitalizan como una tecnología afectiva del poder”.
No se trata solo de discursos: el miedo organiza las conductas, sostiene adhesiones, justifica ajustes y vuelve soportable lo insoportable. “El ajuste se volvió una especie de acto de fe”, afirma.

En ese mapa emocional, el desencanto se vuelve una forma de anestesia. Ya no se trata de no creer, sino de haber perdido la energía de desear. Como describe Agustina:

La gente ya no encuentra qué hay del otro lado. La democracia se volvió algo individual más que comunitario. Perdimos el valor por lo común, y eso explica mucho de esta fatiga colectiva”.

La eficacia simbólica del miedo

La antropóloga propone leer este fenómeno con una clave cultural. Citando a Clifford Geertz, recuerda que “los seres humanos vivimos atrapados en tramas de significado que nosotros mismos tejemos”.
Pero esas tramas —dice— se rompieron. “El poder hoy es una tecnología afectiva que necesita sí o sí capitalizar el miedo. Lo vemos en Argentina, pero también en otros países: la política se sostiene más en emociones que en proyectos.”

El discurso político, explica, ha mutado hacia una economía emocional donde la verdad importa poco.

Ellos no necesitan los datos de su lado. Les basta con capitalizar la frustración social y volverla sentido común.”
Así, la política ya no se juega en la racionalidad de los argumentos sino en la eficacia simbólica de los afectos. “Vivimos en una era en la que la verdad está corrida. Ya no importa si algo es cierto, sino si logra movilizar”.

Cuando el futuro se organiza en torno al miedo

Agustina identifica un punto clave: el miedo como eje de la imaginación política. “El futuro se organiza alrededor de ese miedo”, dice. Y advierte que en contextos donde “la economía es indivisible y los lazos sociales están rotos”, ese miedo se vuelve combustible de adhesión: un refugio emocional en medio de la incertidumbre.

De ese modo, las promesas de futuro se transforman en promesas de salvación, aun cuando el costo sea la entrega de derechos. “Incluso en los sectores más vulnerables vemos la defensa del ajuste. El discurso se convierte en un acto de fe, en un credo”.

Reconstruir los mitos del nosotros

Kupsch no se detiene en la crítica: propone caminos posibles para recomponer ese deseo colectivo.

Tenemos que reconstruir nuevas narrativas para construir un nuevo sentido común. Así como ellos se adueñaron del sentido común y de las redes sociales, hay que volver a ocupar esos espacios y volver a editar un ‘nosotros’.”

Desde su experiencia de trabajo con comunidades originarias, plantea que la salida está en los márgenes, en los territorios, en los espacios donde el vínculo todavía es cuerpo y mirada. “Hay que volver a patear la calle. A cuerpar la teoría”, dice.

Y cierra con una idea:

“Las sociedades no se sostienen solo por las instituciones: necesitan mitos. Tenemos que volver a construir mitos menos épicos y más íntimos. Mitos que vuelvan a encender el deseo de lo común.

En tiempos donde el desencanto se confunde con madurez política y la distancia con lucidez, recuperar la emoción por lo común se vuelve un acto de resistencia. Como señala Agustina Kupsch, la anestesia social no se rompe con datos, sino con relatos que devuelvan sentido y esperanza.

La entrevista completa en nuestro canal de Spotify:

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