En el marco de un escenario marcado por la incertidumbre económica, tensiones diplomáticas e interrogantes sobre la soberanía nacional, dialogamos con el historiador y especialista en deuda externa Alejandro Olmos Gaona. Un análisis crítico e indispensable sobre la gira presidencial por España, las verdaderas cifras del endeudamiento, la subordinación geopolítica y la crisis de representación de la dirigencia política actual.
– Hoy nos abocamos a temas estratégicos sobre la economía y la soberanía argentina. En las últimas horas, la gira del presidente Javier Milei por España generó cruces y polémica. ¿Qué lectura se puede hacer de la política de relaciones exteriores del gobierno y cómo se analiza este viaje institucional?
– Una muestra de cómo están considerando las actitudes de este sujeto que funge como presidente es que pidió la posibilidad de tener una entrevista con el rey Felipe y por supuesto se la negaron. En La Nación se publicó que le contestaron que si quería una entrevista con el rey, tenía que tener una entrevista con el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Tras haber dicho lo que dijo, era evidente que no iba a tener esa reunión.
– A propósito de la gira por España, da la sensación de que el planteo premeditado terminó jugando en contra, aunque políticamente fue aprovechado por Pedro Sánchez y su equipo…
– Lo que pasa es que el presidente es un gran mentiroso, y su ministro de Economía, Luis Caputo, también. Cuando los oís hablar tanto en la Argentina como en el exterior del crecimiento de la economía, de que todo está fantástico y que el año que viene vamos a disparar, eso no tiene nada que ver con lo que surge de las cifras oficiales. Con el caradurismo que lo caracteriza, cuando le plantearon cifras del INDEC, dijo: «Bueno, esas cifras no están bien hechas». Todo lo que signifique cuestionar lo que dice, inmediatamente lo invalida. Uno de los graves problemas que tiene la Argentina es la deuda pública: una deuda imposible de pagar que genera costos enormes para la sociedad.
– Frente a las declaraciones oficiales que afirman que el endeudamiento está bajando, ¿cuáles son las cifras reales de la deuda argentina?
– Caputo ha dicho reiteradamente que la deuda ha disminuido. En noviembre de 2023 la deuda pública era de 440.000 millones de dólares; al 30 de septiembre es de 486.500 millones. Cuando dejó Alberto Fernández la presidencia, la deuda con el Fondo Monetario Internacional era de 40.000 millones; ahora son 59.000 millones. El año que viene hay que pagar 32.000 millones de dólares de intereses. No hay forma de pagarlo. Como no hay acceso al mercado de capitales por el riesgo país, van a contar seguramente con el auxilio del gobierno de Estados Unidos.
– Más allá de lo financiero, ¿cuál es el impacto directo de esta política económica sobre el sector productivo y la vida cotidiana?
– Hay una caída del consumo, de la actividad industrial y textil; todos los índices del INDEC están en caída. Lo único que de alguna manera compensa y de lo que se ufana Milei es la minería, Vaca Muerta y los agronegocios; pero todo lo otro, que es lo que genera empleo, está cada vez peor. Se han perdido 36.000 empresas en dos años. El salario disminuyó un 30 por ciento, las jubilaciones están congeladas y el bono de 70.000 pesos es igual al de 2024. A todo ese panorama se suma la política exterior.
– ¿Cómo se caracteriza el alineamiento geopolítico actual del gobierno nacional?
– Milei subió con la idea de destruir al Estado y planteó una política exterior consecuente: someternos al gran poder, que es Estados Unidos. Es la primera vez en la historia de la Argentina que tenemos una política exterior errática por un lado y, por otro lado, sometida a los Estados Unidos. En 1889, en la primera Conferencia Panamericana, la Argentina se opuso a los aspectos hegemónicos de EE. UU. Y cuando el ministro Luis María Drago planteó su doctrina ante el bloqueo de Venezuela, dejó en claro que no se podían usar buques y armas de guerra para el cobro compulsivo de deudas. La política exterior argentina siempre mantuvo una enorme independencia. Ahora no: votamos únicamente con Estados Unidos e Israel.
– Frecuentemente el discurso oficial presenta este alineamiento como cooperación internacional. Desde la perspectiva soberana, ¿cómo debe interpretarse?
– Los viajes de Milei son una especie de folclore: ha hecho 19 viajes a los Estados Unidos sin ningún resultado apreciable. En este momento la Argentina no es más un país soberano; somos un país que funciona como si fuera una dependencia del gran estado donde dicen «vamos para acá» y tenemos que ir. Las relaciones exteriores se manejan a través de un sometimiento y un alineamiento incondicional.
– Ante un diagnóstico tan complejo, ¿qué rol están cumpliendo los demás poderes del Estado y las instituciones democráticas?
– El gran insumo que tiene Milei para seguir sosteniéndose es que no tiene una oposición sólida. Tenemos un Poder Judicial que no investiga, con jueces nombrados dóciles a las gestiones del gobierno, y un Poder Legislativo lleno de personajes claudicantes, temerosos y negociadores donde funciona el apriete. Si votás de tal manera, podés tener algún cargo o se aprieta a los gobernadores con los fondos de la coparticipación.
– ¿Se observa un deterioro en la calidad del debate político e institucional?
– Hay un bajísimo nivel de trabajo legislativo. Nunca se vio que diputadas se tiraran vasos de agua o se insultaran públicamente. Un diputado no representa al pueblo que lo votó, sino a un partido o al gobernador de turno de acuerdo a las conveniencias del momento. Es preocupante la poca formación que tiene la dirigencia política, la falta de niveles de cultura y el desconocimiento de cosas que son fundamentales.
– ¿Dónde se puede atisbar una alternativa o salida política e institucional frente a esta crisis de representación?
– El insumo de Milei es tener una oposición fragmentada donde los egos no permiten formar una coalición política que enfrente este modelo. La corrupción es transversal y la falta de transparencia complica cualquier solución política. Faltan convicciones de lo que debe ser un país que se precie de ser soberano, digno y con un proyecto totalmente distinto.
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