En un diálogo íntimo con Y de repente la noche, la poeta, actriz, escritora, cantante y activista travesti, Susy Shock comparte una conversación luminosa y profunda sobre el arte como territorio de libertad, la necesidad de sostener la ternura en tiempos de furia y la potencia de seguir creando comunidad desde la palabra, la música y el cuerpo. Con la sensibilidad que la caracteriza, la artista reflexiona sobre lo que nos sostiene cuando el mundo se vuelve hostil, y reivindica al arte como abrigo, como fogón y como gesto político de amor.
“El arte es ni más ni menos que el espacio que una tiene y que difícilmente se pregunta. Yo nací al arte. Es el agua en la que me muevo. Está en mi vieja, en mi viejo, en la lectura, en bailar folclore… y me parece que debería ser parte de la pedagogía de cualquier persona. Porque el arte es el camino a la propia libertad. Y por eso también es peligroso.”
Desde esa convicción, Susy pone el cuerpo y la palabra en una gira que la lleva por todo el país, una experiencia que define como “la confirmación de que tenemos que estar con la gente”.
“No hay video que reemplace lo que sucede cuando el hecho artístico se comparte. Las canciones se escuchan porque las canciones se comparten. Eso sostiene un mundo dentro de este mundo. Hay cosas que no se van a comprar, que no tienen precio.”
“Furia y ternura travesti”
En la conversación, Susy también se detiene a pensar la tensión entre la violencia social y la necesidad de construir desde la ternura:
“La furia es necesaria, pero debe ser hacia afuera. Adentro nos espera la ternura. Yo ando diciendo ‘furia y ternura travesti’. No hay debilidad en eso, hay potencia. Porque construir desde la ternura da más miedo que tirar piedras. Es una pedagogía política: no parecernos a ellos.”
Esa idea recorre también “La Loreta y Pibe Roto”, su reciente libro, donde las historias personales dialogan con los duelos colectivos, los amores que mutan y la necesidad de hacer comunidad incluso en el dolor.
“El duelar también es en comunidad. Somos parte de esos amores que nos hicieron. Y ponerles nombre nos permite reacomodar lo que somos.”
El arte como abrigo
Frente al clima de crueldad y agresión que atraviesa este tiempo, Susy reafirma su lugar: el arte como abrigo, como trinchera amorosa, como fogón.
“No tengo ganas de debatir con este mundo horrible. Mi granito de arena es seguir haciendo arte. El arte acompaña lo que está por venir. No distrae: acobija, apapacha, nos invita a valorar lo que somos.”
Y cierra con una declaración que condensa su ética y su poética:
“Mi poesía no es un arma. Haré todo lo posible porque no lo sea. No quiero parecernos a ellos ni usar sus herramientas. Lo nuestro es otra cosa: seguir abonando ese otro mundo posible, desde el silencio, el río, el viento, los encuentros. Sostenernos como tribu».
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