En los últimos días, el cine argentino volvió a poner en pantalla esas zonas donde la realidad social se vuelve silenciada. La mujer de la fila, la nueva película dirigida por Benjamín Ávila (Infancia Clandestina), protagonizada por Natalia Oreiro, propone mirar lo que no se ve: el universo de las mujeres y familias que acompañan a personas privadas de libertad.
El film, inspirado en una charla TED de Andrea Casamento —fundadora de la Asociación de Familiares de Detenidos (ACIFAD)—, se adentra en un territorio pocas veces abordado por el cine o los medios: las vidas que orbitan alrededor del sistema penitenciario. Porque, como recuerda el propio Ávila en diálogo con Y de repente la noche, “no estás preso vos solo, estamos todos presos”.
Humanizar lo que se prejuzga
“La película surge a partir de una historia real, pero sobre todo de una mirada muy personal —cuenta Ávila—. Andrea Casamento, junto a otras mujeres familiares de detenidos, viene trabajando desde hace años en visibilizar las consecuencias emocionales, sociales y materiales que viven quienes acompañan a un ser querido en prisión. Me pareció un punto de vista completamente original, porque es un universo del que se habla mucho pero se conoce poco”.
La cámara de Ávila, sensible a los pliegues humanos de lo político, vuelve a interpelar a una sociedad que prefiere no mirar. En La mujer de la fila, la cárcel no es solo una institución, sino una extensión de los prejuicios que atraviesan a la comunidad.
“Estas mujeres viven en un constante prejuicio social —explica el director—. Deben ocultar su realidad por miedo a las consecuencias: en el trabajo, en la escuela, en el barrio. Sufren el estigma de algo que no hicieron. Y ese silencio obligado también es una forma de cárcel”.
El punto de vista: la fila como símbolo
La película toma su nombre de un gesto cotidiano: la fila de espera para ingresar a una cárcel. “Esa mujer que empieza a hacer la fila para ver a su hijo es el punto de partida —dice Ávila—. A través de ella descubrimos ese universo desconocido, y también la vamos viendo transformarse al enfrentarse a sus propios prejuicios. Es una película sobre los prejuicios, sobre cómo los reproducimos sin darnos cuenta”.
En ese sentido, La mujer de la fila se corre del lugar habitual desde donde se narra lo carcelario: ya no se trata del detenido, sino del entramado afectivo que sostiene —y padece— la experiencia de encierro. Una mirada que desestabiliza las narrativas tradicionales sobre la “culpa”, el “castigo” o la “marginalidad”.
El trabajo con ACIFAD y las mujeres reales
Durante la producción, el equipo de la película trabajó en estrecha colaboración con Andrea Casamento y con las integrantes de ACIFAD, quienes además participaron en el rodaje interpretándose a sí mismas.
“Con Andrea leímos el guion completo, página por página, en voz alta —recuerda Ávila—. Fue una experiencia de una intensidad enorme. Ella nos ayudó a construir una representación verosímil, alejada del imaginario que suele mostrar la televisión o el cine sobre las cárceles. Muchas mujeres de ACIFAD participaron en la película, y su presencia en el set transformó todo. Era un ida y vuelta entre la realidad y la ficción”.
Esa convivencia entre la experiencia real y la representación artística da lugar a una obra donde la verdad se respira en los detalles. Las escenas, los gestos y los silencios tienen el pulso de lo vivido.
El cine como espacio de pensamiento crítico
En las últimas semanas, la película fue proyectada en distintos espacios universitarios y culturales —entre ellos la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, en Paraná—, donde la proyección contó con la presencia de las integrantes de ACIFAD.
“Nos parece fundamental que la película circule en ámbitos donde se pueda pensar —dice Ávila—. El cine tiene un poder de impacto social muy grande. Cuando una película toca un tema como este, puede generar preguntas, remover estructuras, abrir conversaciones que no se estaban dando”.
En Y de repente la noche, el diálogo con el director volvió a situar al cine argentino como un espacio para la reflexión y la crítica social, una herramienta para revisar las violencias estructurales y los silencios impuestos.
“Siempre que uno se mete en un universo así —señala Ávila—, tiene que hacerlo con honestidad. No se trata solo de contar una historia, sino de entender cuál es la pregunta que la película va a dejar abierta en quien la mire. La mujer de la fila busca justamente eso: hacernos pensar cuán cerca o cuán lejos estamos realmente de la cárcel”.
La cárcel, un espejo de la sociedad
El director se detiene en una frase que resume buena parte del sentido del film: “La cárcel está mucho más cerca de nosotros de lo que creemos. Si cada persona se preguntara si conoce a alguien que haya pasado por esa experiencia, probablemente descubriría que sí. Lo que pasa es que el miedo y el silencio lo esconden. Por eso, esta película también busca romper ese silencio”.
La propuesta es clara: mirar la cárcel no solo como un espacio de encierro, sino como un espejo de las desigualdades y exclusiones que atraviesan a toda la sociedad.
Una campaña para seguir la conversación
La mujer de la fila no termina con los créditos. Al final de la película, un código QR invita a ingresar a la web www.lamujerdelafila.com, donde el público puede compartir sus reflexiones, sensaciones o experiencias.
“Esa campaña de impacto social nos permite medir el alcance de la película, pero también generar puentes reales —explica Ávila—. A partir de ahí, muchas personas se acercaron a ACIFAD buscando información o apoyo. También comenzaron a surgir nuevas agrupaciones en distintas provincias, como Córdoba o Santa Fe. Es una red que crece, que se teje entre mujeres que deciden no callar más”.
El poder del encuentro
Para Ávila, el mayor aprendizaje fue humano: “Lo que más me marcó es la fortaleza de este grupo de mujeres. Ellas entendieron que si están solas, se derrumban; pero juntas pueden sostenerse. Esa enseñanza vale para todos. La película fue, en definitiva, un encuentro entre el cine y la vida”.
El vínculo con las protagonistas de esta historia continúa. El director sigue participando de los encuentros de ACIFAD, convencido de que el arte puede transformar la percepción social sobre temas que el discurso dominante prefiere mantener ocultos.
En tiempos donde los discursos punitivistas se multiplican y el sentido común criminaliza la pobreza, La mujer de la fila se planta desde otro lugar: el de la empatía, el reconocimiento y la ternura política.
¿Querés saber más sobre la película o las actividades de ACIFAD?
lamujerdelafila.com
acifad.org
Escuchá la entrevista completa a Benjamín Ávila en Y de repente la noche, por Spotify:
