En la cuenta de Instagram @todxsporosita se pueden seguir las instancias del caso

Ocho años después de la primera denuncia un jurado popular halló culpable de abuso al progenitor de «Osita»

Tenía cuatro años cuando empezó el abuso. Tiene trece ahora que hay un veredicto. El 1 de abril de 2026, un jurado popular declaró culpable a Julián Canali ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°8 de Lomas de Zamora. La detención fue inmediata. Detrás de ese fallo hay ocho años de denuncias obstruidas, una madre que sostuvo el reclamo sin que el Estado respondiera a tiempo, y una niña que tuvo que crecer mientras la Justicia dilataba. El caso denominado «Osita» para preservar los datos de la menor, no es solo una historia de abuso sexual en la infancia: es también una historia de violencia institucional que el sistema judicial bonaerense demoró en procesar.

El juicio se desarrolló durante tres jornadas, el 30 y 31 de marzo y el 1 de abril, ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°8 de Lomas de Zamora, bajo la dirección del juez Nicolás Amoroso. Al término de la tercera audiencia, el jurado emitió su veredicto y halló culpable a Julián Canali que quedó detenido en el acto.

La causa, que se identifica públicamente como el caso Osita, nombre que la familia eligió para proteger la identidad de la víctima, lleva ocho años en trámite. Los abusos comenzaron cuando la niña tenía cuatro años.
El origen del proceso no estuvo en una denuncia policial sino en una señal que llegó desde la escuela. El caso salió a la luz cuando la madre de la niña recibió la primera alerta en el jardín de infantes, al notar una docente que la nena se orinaba con frecuencia. Primero consultó a una pediatra, que la orientó hacia una psicóloga. Tras un año de acompañamiento, la menor pudo contar que era abusada por su propio padre.

La noticia de la terapia alteró al padre de la niña, que se mostró reacio a que la menor asistiera a las sesiones. A partir de ahí comenzó un recorrido judicial que se extendió por casi una década.
Durante esos años, la estrategia de la defensa fue sistemáticamente hacer que transcurriera el tiempo. Desde el grupo de apoyo «Todxs Por Osita» y el entorno familiar denuncian que, a lo largo de los años, la estrategia de la defensa estuvo orientada a dilatar el proceso judicial, generando instancias que revictimizan tanto a la niña como a su madre.

En octubre de 2025 el juicio, que ya tenía fecha, fue suspendido nuevamente. La abogada querellante Samantha Pedrozo señaló entonces que se estaban violando derechos elementales de la intimidad y dignidad de la víctima, y señaló que la defensa ya había tenido tiempo suficiente para producir pruebas. Pedrozo advirtió además que la suspensión implicaba «demoras irracionales en la administración de justicia» y solicitó que, de no reprogramarse el juicio de forma inmediata, se ordenara la detención preventiva del imputado, señalando que existía «un claro riesgo de fuga y de entorpecimiento de la investigación, ya que conoce a varios testigos del caso».

Cuando el debate oral finalmente se abrió en marzo de 2026, el intento de incorporar esos audios como prueba también fracasó. El juez resolvió no admitirlos como prueba válida. La decisión se fundamentó en que los registros no aportaban elementos que desvincularan al acusado de los hechos denunciados. Por el contrario, evidenciaban situaciones de violencia ejercida hacia la niña, reforzando así el cuadro probatorio ya existente. Las pruebas centrales de la acusación permanecieron intactas: la declaración de la niña en Cámara Gesell, que ya había sido calificada como «contundente» por los peritos intervinientes y que constituye una pieza central en la acusación.

Este 1 de abril se dio a conocer el veredicto del jurado popular que dió así por cerrada esa etapa. La detención inmediata de Canali fue la consecuencia directa. Lo que resta es la audiencia de cesura, instancia en la que las partes debatirán la pena para que con posterioridad se de a conocer la sentencia definitiva.

Para el colectivo Todxs Por Osita, este juicio no define solamente la vida de una niña: también expone el funcionamiento de una justicia que sigue mirando para otro lado frente a la violencia sexual en la infancia. Nueve años separaron la primera denuncia del veredicto. Osita tenía cuatro años entonces. Hoy tiene trece.

El seguimiento del caso puede realizarse a través de la cuenta de Instagram del colectivo de apoyo: @todxsporosita.

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