Arlen Buchara llegó a Paraná con un libro que nació de una pregunta acumulada durante años: qué había pasado en Rosario en las últimas dos décadas, cómo una ciudad culturalmente vibrante y políticamente activa terminó reduciéndose, en el relato mediático nacional, a sinónimo de narcotráfico y violencia. Rosario, perfil de una ciudad al límite, publicado por Ediciones Futurock en 2025, es el intento de responder esa pregunta desde adentro.
El libro se construyó a lo largo de más de un año de investigación, con más de cincuenta entrevistas a militantes sociales, docentes, artistas, referentes barriales, trabajadoras judiciales y activistas feministas. No es una crónica sobre las bandas ni sobre las tramas judiciales que coparon las noticias, aunque esos temas están. Es, según la propia autora, un perfil colectivo de la ciudad desde sus márgenes, desde el río, desde sus preguntas más incómodas.
En diálogo con Y de repente la noche, Buchara señaló que uno de los hallazgos centrales del proceso fue constatar cómo los estigmas que se construyen sobre una ciudad no son neutros: tienen historia, tienen consecuencias y, en muchos casos, las propias comunidades los internalizan sin que eso signifique que los asuman del todo. «Los relatos que se construyen sobre una ciudad parecen estereotipados, pero detrás de esos estereotipos hay un montón de construcciones de identidad«, dijo. Esa dualidad, sostuvo, es estructural en Rosario: una ciudad que se diferencia de Buenos Aires pero busca ser reconocida por ella, que se separa de la provincia pero depende de ella, que creció sin fundación formal y se enorgullece de eso.
«Los relatos que se construyen sobre una ciudad parecen estereotipados, pero detrás de esos estereotipos hay un montón de construcciones de identidad».
La investigación la llevó por barrios que fueron protagonistas de las crónicas policiales y que también son escenarios de organización, debate y resistencia. Eso, dijo, fue lo que más la sorprendió: encontrarse con experiencias colectivas en los mismos territorios que el relato dominante había reducido al conflicto. Los cambios que atravesó Rosario en torno al narcotráfico no fueron solo policiales: transformaron barrios, modificaron la circulación nocturna, reorganizaron la vida cotidiana. Buchara eligió contar esa transformación desde múltiples voces antes que desde una sola línea explicativa.
El río Paraná aparece en el libro como hilo conductor. Antes de hacer la primera entrevista, Buchara ya sabía que iba a estar. «El río es muchas cosas: un lugar de recreación, de trabajo, de crecimiento, pero también de exclusión de sectores que no lo disfrutan de la misma manera«, señaló. Y apuntó algo que une a Rosario con Paraná: la relación particular con el Paraná como parte de una identidad regional que se diferencia de Buenos Aires y que ambas ciudades comparten desde sus propias orillas.
El proceso de escritura, planteó Buchara, implicó asumir una posición frente a lo que se cuenta, incluso cuando el material es propio. «No se trata de contar todo, sino de decidir qué forma le damos a aquello que decidimos contar«. El libro no pretende clausurar interpretaciones sino abrirlas: es un espacio de exploración que activa preguntas antes que resolverlas.
Buchara presentó el libro el viernes en la Librería Vaporeso, organizado junto a Revista Mate y Futurock Ediciones. Al día siguiente dictó un taller intensivo de crónica sobre el cruce entre periodismo y literatura y las herramientas de la narrativa de no ficción.
Arlen Buchara Marinello nació en Nicaragua en 1987 y pasó la infancia y la adolescencia entre Italia, Cuba y Argentina. Desde 2006 vive en Rosario, la ciudad en la que más tiempo vivió. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario y cursó la Maestría de Periodismo Narrativo de la Universidad de San Martín. Durante ocho años escribió en el diario El Ciudadano. Fue columnista de radio, productora de televisión y editora general de Cosecha Roja. Publicó en Revista Anfibia, Página 12, Eldiario.ar, Revista Crisis y Latfem, entre otros medios. Recibió los premios Juana Manso y Virginia Bolten de la Municipalidad de Santa Fe.
