«Yo no la maté». Wagner apuntó contra Pavón en la segunda audiencia

Por Sandra Miguez

Especial para Y de repente la noche

La segunda jornada del nuevo juicio contra Néstor Pavón por el femicidio de Micaela García tuvo como principal protagonista a Sebastián Wagner, condenado a prisión perpetua por el crimen ocurrido en abril de 2017 en Gualeguay. Su declaración reconstruyó distintos momentos de la secuencia criminal y señaló directamente a quien era su patrón en el lavadero de camiones como partícipe de la captura de la joven y responsable de su muerte.

La noche del crimen y el vínculo con Pavón

Al reconstruir cómo conoció a Pavón, Wagner explicó que había comenzado a trabajar en el lavadero de camiones como changarín, mientras se encontraba bajo el régimen de libertad condicional. «Lo conozco, sí. Era mi patrón de trabajo», respondió.

Sobre la noche del 1° de abril de 2017, relató que había trabajado durante el día y que luego salió a comer con Pavón. En ese contexto, describió el consumo de cocaína, alcohol y pastillas, entre ellas clonazepam, y aseguró que esa combinación había afectado su estado de conciencia.

«Me convidó el compañero de él, me convidó con merca» contó y también sostuvo que cuando mezclaba pastillas con bebidas quedaba en una situación de sumisión frente a las indicaciones de otras personas: «Pateá esa mesa, andá a hacer aquello y yo iba y lo hacía», dijo ante el Tribunal.

La referencia al consumo apareció en distintos momentos del interrogatorio, tanto para explicar su estado aquella noche como para responder a las preguntas de los defensores sobre las diferencias entre sus declaraciones anteriores y el relato que estaba ofreciendo ante el Tribunal. «Ahora estoy bien; pueden sacarme sangre si quieren», indicó.

La captura de Micaela: «Se bajó él y me ayudó»

Uno de los pasajes centrales de la declaración fue la descripción de cómo interceptaron a Micaela cuando caminaba por la calle.

Wagner afirmó que Pavón conducía el Renault 18 y que, al verla, detuvo el vehículo y le ordenó que la agarrara. Según su relato, salió del auto e intentó reducirla, pero no pudo hacerlo solo porque la joven se resistía.

«Vimos a la chica caminando y paró el auto y me dice: ‘Agarrála’. Y salí y la agarré y no podía, me revolvió para todos lados y no podía… Y se bajó él y me ayudó él», declaró. En otro tramo, insistió en que ambos participaron de la captura: «Agarramos a Micaela entre los dos». Explicó que la subieron por el lado del acompañante y que luego quedó ubicada en la parte delantera del vehículo.

También describió una situación de intimidación durante el traslado. Dijo que Pavón conducía y que habría utilizado un objeto punzante, que identificó alternativamente como un destornillador o un cuchillo, para amenazar a Micaela y mantenerla inmovilizada.

Cuando le preguntaron cómo había podido defenderse la joven, respondió: «¿Cómo se va a defender si no se podía defender? Éramos dos».

La acusación directa: «Yo no la maté»

El momento de mayor impacto de la declaración llegó cuando Wagner fue consultado sobre lo sucedido con Micaela después de la captura. Allí negó haberla asesinado y señaló a Pavón como responsable de la agresión sexual y del estrangulamiento. «Yo no la maté», afirmó.

Ante las preguntas sobre quién había abusado de Micaela, respondió que Pavón sí lo había hecho. En cambio, respecto de su propia participación en el abuso sexual, dijo que no podía asegurar qué había ocurrido debido al estado en el que se encontraba.

La acusación más directa contra Pavón apareció al describir la muerte de la joven. Wagner afirmó que lo vio estrangularla con sus manos. Esta atribución constituye uno de los puntos centrales de su declaración, aunque será el Tribunal el que deberá analizar su consistencia y confrontarla con el resto de las pruebas incorporadas al debate.

Durante el interrogatorio también volvió sobre su propia responsabilidad. Se definió como asesino y sostuvo que está cumpliendo la condena que recibió: «Yo estoy pagando lo que hice. Yo soy un asesino», dijo. Agregó que estaba arrepentido y que había concurrido a la audiencia para pedir perdón.

Wagner también reconstruyó el traslado del cuerpo de Micaela en el Renault 18 y su posterior descarte en una zona rural. En ese tramo de su declaración volvió a involucrar a Pavón y buscó dejar en claro que no había actuado solo. Relató que el vehículo quedó atascado en una huella de tractor y que ambos tuvieron que realizar maniobras para sacarlo. «Se enterró el auto. ¿Y qué pasó ahí? Y lo sacamos entre los dos. Pero ¿cómo hago para sacar el auto yo solo?», planteó.

Consultado sobre qué habían llevado en el vehículo, respondió con una expresión contundente: «El bulto más grande, el cuerpo de Micaela llevamos en el auto». También señaló que, después del crimen, Pavón le habría recomendado abandonar Gualeguay y facilitado los medios para hacerlo. Según su versión, le dio dinero y lo trasladó en un camión de una persona conocida.

«Mejor que te vayas», recordó que le había dicho Pavón. Y agregó: «Me sacó de la ciudad en un camión de un desconocido de él, me dio plata».

El contrainterrogatorio y las contradicciones

La declaración de Wagner continuó con las preguntas de los abogados defensores de Pavón, Ramón Salto y Edwin Henry Valenzuela Rojas. El interrogatorio se concentró, entre otros aspectos, en su relación laboral con el acusado, el uso del Renault 18, la secuencia de la captura y las diferencias entre sus dichos actuales y los que había formulado durante la investigación y en el juicio anterior.

«Yo no estaba en mis cabales en ese momento, no estaba en mis cabales como estoy ahora», respondió. Y agregó: «Ahora estoy hablando coherente y estoy bien».

En distintos momentos, el intercambio se volvió tenso. Wagner manifestó que las preguntas buscaban confundirlo y alterar su estado emocional. «Me está taladrando la cabeza… para que me confunda, para que me ponga en un momento crítico y juegue todo a favor del fulano», expresó en alusión a Pavón, a quien sindicó como un asesino.

La dinámica del interrogatorio motivó una intervención del presidente del Tribunal. El juez Brugo advirtió a los abogados defensores que habían atribuido al testigo afirmaciones que no había realizado: «Han afirmado dos cosas que el testigo no dijo».

Luego agregó: «Estamos ante un testigo con limitaciones de recursos discursivos, por lo tanto les pido que se ajusten al artículo 145 del Código Procesal Penal».

La disposición citada establece el deber de las partes de actuar con lealtad, probidad y buena fe, y evitar conductas que impliquen un abuso del derecho procesal. La advertencia del magistrado puso el foco en las condiciones en que debía desarrollarse el interrogatorio y en la necesidad de respetar esas pautas durante el ejercicio del contradictorio.

Las amenazas en prisión y el temor por su vida

Otro de los ejes de la declaración fueron las agresiones que, según Wagner, sufrió durante su detención. Aseguró que fue atacado con armas blancas, recibió golpes y sufrió heridas en distintas partes del cuerpo. También manifestó temor por su integridad física a raíz de haber aceptado declarar en este juicio.

«Casi me pegaron una puñalada acá, una puñalada acá, me partieron la cabeza, me cortaron la cara, casi me mataron a la semana y pico», relató en relación a cuando confirmó que declararía en el juicio. Y afirmó que otros internos le habían dicho que Pavón pagaba para que lo asesinaran: «Hay internos que me han dicho que él pagaba para que me maten». En ese contexto, contó que después del crimen había intentado suicidarse. Describió que se había colocado un revólver en la cabeza y que el arma no se había disparado.

Una declaración que compromete a Pavón

A lo largo de la audiencia, Wagner alternó pedidos de perdón, reconocimientos de su responsabilidad penal y acusaciones directas contra Pavón. La insistencia en que ambos participaron de la captura, que el acusado intervino durante el traslado y que fue quien estranguló a Micaela constituyó el núcleo de su testimonio.

La declaración deberá ser evaluada junto con las pruebas documentales, periciales y testimoniales que se incorporen durante el juicio. También será necesario ponderar las contradicciones señaladas por la defensa y las diferencias con los relatos anteriores de Wagner.

La segunda jornada dejó así un testimonio de fuerte impacto judicial: el único condenado por el femicidio de Micaela García identificó a quien había sido su empleador como partícipe de momentos decisivos del crimen. Su relato coloca nuevamente en el centro del debate la responsabilidad de Néstor Pavón y la necesidad de establecer qué intervención tuvo en el secuestro, el abuso sexual y el asesinato de la joven.

(Noticia en desarrollo)

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