“Desde fuera y tan adentro”: la memoria y el feminismo en un documental de Fab Llanos

A medio siglo del golpe de Estado en Chile, el documental Desde afuera y tan adentro, dirigido por Fab Llanos, ofrece una mirada íntima y conmovedora sobre cómo la dictadura pinochetista marcó generaciones enteras y cómo, en los últimos años, el feminismo chileno ha tejido nuevas formas de resistencia y memoria. Con sensibilidad y fuerza narrativa, la realizadora hilvana relatos personales que se vuelven colectivos, construyendo un testimonio vivo sobre las mujeres que transforman la historia.

“Mi familia quedó como un archipiélago disperso por la dictadura”

—Este trabajo parece ser, además de un homenaje colectivo, un reconocimiento a tu propia historia. Una historia que, aunque personal, también se vuelve social y política. ¿Cómo fue el proceso que te llevó a hacer Desde afuera y tan adentro?

—Todo comenzó cuando nací, en 1973, apenas dos meses después del golpe. Era un tiempo horroroso. Mi familia, como tantas otras, quedó desmembrada: persecuciones políticas, exilios, trabajos forzados a la distancia. Yo siempre digo que mi familia es como los fiordos del sur de Chile: un archipiélago, sin un continente, con pedazos dispersos por todo el mundo. Esa fractura me marcó profundamente.

Migrar fue también una manera de escapar. Llegué a Cataluña a los 26 años y hoy tengo 52. Cuando cumplí 50 decidí darme un regalo: volver a Chile en el aniversario de medio siglo del golpe. Ese viaje me hizo entender que los 50 años no eran solo míos, eran de todas. De ahí surge el título del documental: Desde afuera y tan adentro. Porque nunca te desprendes de esa herida; queda en lo más profundo, como un quiste.

Feminismo, revuelta y memoria

—En el film aparece también la fuerza del feminismo chileno de los últimos años. ¿Cómo viviste ese proceso a la distancia?

—Con mucha tortura. Entre 2016 y 2018 comenzaron movilizaciones muy importantes en Chile y en toda América Latina. Fueron años de revulsivo feminista: el Ni Una Menos, el 8M masivo, la huelga general feminista, las Tesis, el estallido social. Yo estaba lejos, y lo sentía como una deuda conmigo misma y con tantas mujeres.

—¿Y cómo impactó la pandemia en ese recorrido?

—Fue devastador. El COVID rompió todas las redes que habíamos construido. Nos devolvió a las casas, a las violencias, a los cuidados no compartidos. Y eso frenó la rebelión que se estaba gestando. A muchas nos quedó la sensación de haber retrocedido, incluso más atrás de lo que estábamos antes.

“Las tecnologías también nos han devuelto al ámbito privado”

—En tus reflexiones aparece con fuerza la relación entre tecnología, aislamiento y control social.

—Sí. Todo lo que se supone que nos da más libertad —redes sociales, acceso a la información, nuevas herramientas— también puede ser una trampa. Nos obliga a estar siempre demostrando más, a correr detrás de lo nuevo, a no tener tiempo de reflexión ni de ocio. Es como la revolución sexual: ¿a quién benefició realmente? Muchas veces a los hombres, que ganaron acceso a nuestros cuerpos, mientras las mujeres seguimos en el mismo lugar, solo que desnudas.

Las tecnologías replican las relaciones de poder del mundo real en el mundo digital. Nos han devuelto al ámbito privado, nos han cortado las alas de la calle, del encuentro, de la conversación que salva. Y nos cargan con culpas nuevas: no saber manejar lo último, no llegar a todo. Ese es el gran mal de estar en el mundo de las comunicaciones hoy.

Una película humilde que viaja por el mundo

—En medio de todo esto tu documental empezó a viajar por el mundo y a recibir reconocimientos. ¿Cómo lo vivís?

—Con sorpresa. Desde afuera y tan adentro es una producción autogestiva, muy humilde, hecha con la ayuda de mi hermana, su compañero y las mujeres que compartieron sus historias. No hubo financiamiento más que el mío.

Sin embargo, ganó premios en India —un país con altísimos índices de violencia contra las mujeres— como Mejor Documental dirigido por una mujer y Mejor Documental sobre mujeres. Estuvo en Italia, Oviedo, Madrid, Galicia y ahora llega a Colombia. América Latina es muy exigente, y por eso me emociona tanto.

Creo que los festivales que lo han premiado vieron el contenido y no el continente. Técnicamente puede carecer de muchas cosas, pero esa fragilidad lo hace entrañable. Y lo más valioso son las reacciones después de las proyecciones: las preguntas, las reflexiones, las caras de las mujeres al reconocerse en esas historias.

El futuro del documental

—¿Dónde podrá verse próximamente?

—Por ahora está en circuitos de festivales, por lo que no puede estar en abierto. Pero a comienzos del próximo año espero que se sume a una plataforma de la Universidad de Chile, que permite acceso gratuito a su catálogo. Esa sería una manera de que llegue a más personas. Y, claro, siempre está la posibilidad de organizar funciones a pedido, porque lo más importante es que estas historias circulen.


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