La frase es una reseña de lo que ocurrió en la cobertura por el femicidio de Cecilia Strzyzowski. La periodista del Chaco, Laura Cantero, habla del tema en esta entrevista para Y de repente la noche.
El juicio por jurados contra el clan Sena, acusado por el femicidio de Cecilia Strzyzowski, fue uno de los procesos judiciales más complejos y más mediatizados de la historia chaqueña. No solo por la gravedad del crimen —planificación, asesinato y desaparición del cuerpo— sino también por los vínculos políticos y el poder territorial que la familia Sena sostenía desde hace años.
Laura Canteros, periodista chaqueña, cubrió el caso desde el primer día. Su trabajo fue reconocido por la precisión, el seguimiento sostenido y una perspectiva de género poco frecuente en los medios locales y nacionales. En esta entrevista, reflexiona sobre la cobertura mediática, la sentencia, la violencia de género y el modo en que la política y los discursos públicos manipularon el caso.
— ¿Cómo fue cubrir este juicio por jurados?
—Fueron jornadas extensas que demandaron mucha exigencia física, mental y emocional. Era un caso muy complejo, con intereses de todo tipo en el medio. Para poder informar correctamente, era clave sostener el rigor, porque además era un juicio por jurados, que demanda mucha responsabilidad. Teníamos que preservar la identidad del jurado, evitar filtraciones y no ser manipulados por información que circulaba y no aportaba.
Y lo central: estábamos hablando de un femicidio, pero no sólo de un femicidio. Hubo un plan y una organización para desintegrar y hacer desaparecer el cuerpo de Cecilia.
El caso
Cecilia Strzyzowski tenía 28 años. Estaba en pareja con César Sena, hijo de Emerenciano Sena y Marcela Acuña, dirigentes sociales con estructura territorial, recursos, vínculos políticos y causas previas por amenazas, violencia y trabajo forzoso. El clan formaba parte del frente oficialista en Chaco en pleno año electoral 2023, cuando Jorge Capitanich buscaba la reelección. Esa vinculación terminó impactando también sobre el escenario político provincial.
—¿Cómo afectó esa cercanía al poder político en la cobertura del caso?
—La política estuvo involucrada desde un primer momento. El clan Sena tenía un movimiento social importante, aliado al Frente Chaco Merce Más, encabezado por Jorge Capitanich. Eran referentes territoriales que manejaban recursos, tenían alianzas y también denuncias por amenazas y trata laboral. Esto hizo que el caso se convirtiera en un escenario de disputa política: algunos lo usaron para atacar los movimientos sociales; otros para proteger su estructura.
—Mucho se habló del rol de los medios. ¿Qué viste vos desde adentro?
—Muy poca perspectiva de género. Ese fue uno de los puntos más graves. En vez de encauzar el caso como lo que era: violencia de género, femicidio, la protección al femicida desde el minuto cero, se desvió hacia disputas política o estigmatización social. El foco no estaba en la violencia machista, sino en la demonización de ciertos sectores sociales. Hubo un mensaje que se repetía mucho: “¿Dónde están las feministas?”. Como si el caso no fuera un femicidio, como si hubiera que probarlo.
“Este caso reveló más un odio de clase que verdadera intención de hablar de violencia de género y políticas públicas”.
—También hubo encubrimiento y pactos de silencio.
—Sí. Protegieron al femicida y encubrieron el caso desde el momento cero. Si alguien hubiese hablado, si alguien hubiese denunciado, si hubiese habido ruptura del pacto familiar, hoy estaríamos frente a otra historia. El caso tuvo muchísimas dificultades probatorias. Se encontraron restos óseos incinerados y un dije de Cecilia, se utilizaron cámaras de seguridad, hubo testimonios contradictorios. El cuerpo nunca se encontró en su totalidad.
El pacto de silencio no se rompió. Y eso es lo más doloroso: hasta hoy no sabemos cómo fue asesinada Cecilia. Y cómo hicieron desaparecer su cuerpo.
Un juicio histórico
El juicio por jurados duró casi 15 días, luego de una investigación de dos años y medio. El jurado popular declaró culpables a César Sena como autor del femicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género; a sus padres Emerenciano y Marcela, como partícipes; y a los colaboradores por encubrimiento. Se espera que las penas —perpetua para los Sena y de hasta 6 años para los encubridores— se conozcan el 26 de noviembre.
—¿Fue también un juicio simbólico para el pueblo chaqueño?
—Sí. Fue un caso que mucha gente hizo “carne”. En el día del veredicto hubo un estallido de emotividad y desahogo. Había dudas sobre el rol de algunos acusados, como Emerenciano, porque no había pruebas tan claras, pero la sociedad esperaba una condena. Y cuando se escuchó el culpable, fue como romper algo que venía encapsulado: el miedo, la impunidad, la sensación de poder intocable.
“Fue el proceso judicial más complejo de la historia del Chaco. Y también un cimbronazo político y social. Una de las razones por las que Capitanich perdió fue el caso Cecilia.”
—¿Se abrió un debate real sobre violencia de género?
—Creo que pudo haber sido una oportunidad enorme. Pero se encauzó por otro lado. Se usó el caso para atacar movimientos sociales, o con fines electorales, más que para pensar políticas de género. Pudo haber sido un antes y un después para el debate sobre violencia machista, femicidios, impunidad. Ojalá todavía lo sea. Y quizás lo veamos en el próximo Encuentro de Mujeres, que este año será en Corrientes. Ahí espero que se discuta qué nos deja este caso, cómo seguimos.
La voz de Canteros rescata el sentido más profundo de esta cobertura: leer el caso Strzyzowski como un crimen machista, planificado, protegido por estructuras de poder —sociales, políticas y mediáticas— que intentaron desplazar el foco de lo esencial: justicia y perspectiva de género.
