El hombre que perdió a su hija en el femicidio que dio origen al Ni Una Menos volvió a alzar la voz. Lo hizo el mismo 3 de junio, después de marchar, con datos que duelen: más de 3.400 mujeres asesinadas desde aquel primer grito colectivo.
Chiara Páez tenía 14 años y estaba embarazada de aproximadamente dos meses cuando fue asesinada el 10 de mayo de 2015 en Rufino, Santa Fe. Su novio, Manuel Mansilla, de 16 años, la golpeó hasta causarle la muerte después de que ella se negara a interrumpir el embarazo. El cuerpo fue enterrado en el patio de la casa de los abuelos del femicida, donde días después lo encontraron. El juzgado de primera instancia lo condenó por homicidio agravado por femicidio; en 2018 la Cámara de Apelaciones de Rosario ratificó la condena a 21 años. Sin embargo, en 2023 la Corte Suprema de Santa Fe redujo esa pena a 15 años, considerando que al momento del crimen Mansilla era menor de edad.
Menos de un mes después del femicidio de Chiara, el 3 de junio de 2015 miles de personas salieron a las calles en todo el país bajo la consigna Ni Una Menos. Once años después, Fabio Páez sigue saliendo a marchar. En la noche del 3 de junio, después de la movilización en General Alvear, habló con Y de repente la noche. Sus palabras no tienen mucho de consuelo y sí mucho de diagnóstico.
¿Cómo te toma toda la información que se conoció en las últimas horas, los casos de Agustina en Córdoba, el de Dulce en Misiones?
Muy lamentable. Vengo de una marcha que se hizo acá en General Alvear, donde el pedido de todos fue ese: que se termine esto. Porque después de 11 años, como que vida más o vida menos, seguimos de la misma manera. Estamos hablando de más de 3.400 mujeres muertas por femicidio. Un número aberrante, vergonzoso. Una vida destroza toda una familia, toda una sociedad.
El dato tiene respaldo: según el Observatorio de las Violencias de Género «Maricel Zambrano» señala que entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.424 víctimas letales de violencia de género. A esa cifra Fabio le agrega otra dimensión: «Estamos hablando de más de 8.200 niños huérfanos, sin madre, más toda la familia que rodea a cada mujer muerta».
Visto en perspectiva, ¿qué pensaste que iba a cambiar a partir de aquel momento, con la movilización social y los compromisos políticos que hubo?
Yo pensé que en algún momento esto iba a ir bajando, que los femicidios iban a ser menos por las políticas públicas, por las decisiones judiciales. Al contrario. Los que más hemos tomado conciencia somos los ciudadanos comunes. De parte de nuestros funcionarios públicos y judiciales falta muchísimo. Están a años luz de lo que hoy necesita la mujer para poder salir tranquila y volver a su casa sin que la maten.
El desfinanciamiento de políticas públicas, los discursos negacionistas, un concejal que dijo que la ley Micaela no sirve para nada. ¿Eso tiene impacto en tu postura?
Sí, por supuesto. Creo que también es algo cultural, fuimos aceptando que estas cosas sucedieran. Lo que han hecho es desunirnos. Si nosotros estuviéramos unidos, sin color político, ni un Boca-River, creo que todo esto hubiera ido cambiando mucho más rápido. Porque cuando nos unimos conseguimos cosas que de esta manera no conseguimos. Los políticos le tienen miedo a eso, a que vayamos a una marcha y ellos nos miren por televisión.
Describió la movilización de esa noche en General Alvear: alrededor de 400 o 500 personas y ningún funcionario del ejecutivo presente. «Como si la marcha fuera en contra de ellos. La marcha va en contra de los homicidios, para que no existan más Agustinas, más Micaelas, para que no existan más femicidios».
También señaló los problemas en la implementación de la ley Brisa, que garantiza un subsidio a hijos e hijas de víctimas de femicidio: «Llevaba meses poder que esos chicos se hicieran con el subsidio. Eso es un avasallamiento contra las familias, contra las mujeres, contra la sociedad en general.»
¿Qué pasa hoy cuando una mujer decide hacer una denuncia?
«Te tienen una hora sentada sin atenderlas, te atienden tres hombres parados mientras pasan atrás tuyo, tomándote la declaración. Una falta de respeto que está haciendo que la mujer empiece a retroceder otra vez.
Páez relató casos concretos de mujeres que fueron a pedir ayuda y les dijeron que volvieran en una semana. «Así que tienen que volver con su marido golpeador. Y no aparecen más. Siguen insertas en la violencia doméstica».
¿Cuál es el mensaje para cerrar?
Ser feliz, vivir sin violencia. Ese es el mensaje más completo y más futurista que pueda haber. Para ser feliz no tiene que existir la violencia.«
Y a las mujeres en situación de violencia les dijo: «Que no se queden ahí, que no están solas. Siempre van a tener una hermana, una amiga, una mamá, alguien querido que las va a poder sacar. Traten de salir para no terminar siendo otra Kiara, otra Agustina, otra mujer más muerta en manos de un psicópata.«
Fabio aclaró, como hace en cada espacio donde habla del tema, que no representa a ningún partido político: «Yo voy donde me llaman, donde puedo poner mi granito de arena en el nombre de Kiara.»
En Argentina, una mujer es asesinada por violencia de género cada 31 horas.
