Mónica Santino: «Hay un orden colonial» en la campaña antiargentina

Tras la definición del Mundial y la polémica desatada por el despliegue de la bandera de Malvinas en la celebración de la Selección, la exfutbolista, directora técnica y referente del fútbol femenino argentino Mónica Santino analizó en Y de repente la noche el cruce entre deporte y política, la ola de cuestionamientos internacionales a la Argentina y el camino hacia el Mundial femenino de 2027. «No creo que nada sea inocente», sostuvo sobre la campaña de perfiles falsos y críticas que se multiplicó en redes sociales tras el certamen.

Mónica jugó en Primera División en el Club Atlético All Boys, es directora técnica y fundadora de La Nuestra Fútbol Feminista en la Villa 31, y fue distinguida por la Legislatura porteña como personalidad destacada del deporte, la primera mujer del ámbito futbolístico en recibir esa mención. Dialogó con el equipo de Y de repente la noche sobre el Mundial recién finalizado, la reacción internacional al triunfo argentino y las expectativas para el año próximo.

¿Qué significó este Mundial y la polémica en torno a la política y el fútbol?

– Los mundiales de fútbol son un acontecimiento extraordinario, quizás el más importante del planeta. Muchos y muchas dividimos la vida en tiempos de mundial por todo lo que representa y significa. El fútbol es parte de nuestra cultura popular, no hay pared de barrio que no tenga una pintada con referencia al fútbol. Con respecto a lo político, ya antes de empezar muchos advertíamos la locura de un mundial jugado en Estados Unidos, Canadá y México, una modalidad que la FIFA implementó porque piensa en el negocio y en el dinero. Estados Unidos está en guerra con Medio Oriente, es un país agresor, y además generó una persecución a migrantes dentro de sus propias fronteras.

No dejaron entrar al mejor árbitro del continente africano por sospechas de implicancias terroristas, un árbitro somalí. Sometieron a la selección de Irán a un maltrato permanente, alojándola en México y sin permitirle la entrada a Estados Unidos salvo para jugar. A Haití no le permitieron usar su camiseta original, que tenía una ilustración sobre su independencia, la primera de este lado del continente. El propio presidente de FIFA le dio un premio de la paz a Trump. Es un mundial que presume de democrático porque aumentó a 48 equipos, pero las interrupciones para tomar agua respondían únicamente a las publicidades, y al estilo que tiene EEUU del Super Bowl.

¿Qué implicancias crees que tuvo el despliegue de la bandera por las Malvinas por parte de los jugadores?

– Tuvo consecuencias inmensas y una repercusión mundial, quizás la que nunca lograron en 20 años de democracia los distintos gobiernos argentinos o por la vía diplomática. Fue completamente argentino el hecho de sacar una bandera de un hotel, pintarla mano y entrar a la cancha como se la entró. Ahora hay una seguidilla de equipos argentinos que están haciendo lo mismo, incluso en el torneo local.

¿Cómo analizas la campaña antiargentina que se desató después de terminado el Mundial?

– Creo que hay algo de un orden colonial, una forma de decir «vos tenés que ser siempre de esta manera que yo te digo y no la que vos querés». Se suman una cantidad de cuestiones, la propia política exterior de este gobierno. Recuerdo el partido con Egipto, uno de los más criticados, donde se suponía que Argentina era favorecida. Ahí empieza a jugar una cosa muy confusa que se mezcla en redes sociales, toda una seguidilla de acusaciones sobre favoritismos, sobre si somos delincuentes o ladrones. El pueblo argentino no es sionista ni pretende defender a un criminal de guerra como el primer ministro israelí. Tenemos problemas racistas, como en todos los lugares, pero no somos un pueblo racista.

¿Qué rol cumplen las redes sociales en esta ola de cuestionamientos?

– Me parece que es un empuje de las redes sociales que funcionan de esta manera: agitan indignación, agitan bronca, agitan rabia. Tenemos gobiernos que están puestos en el poder y las redes sociales tienen mucho que ver ahí. Lo que sí no pienso es que la selección argentina haya jugado para atrás o que haya una conspiración. La selección fue derrotada en cancha por una selección que jugó muy bien y le sacó la pelota.

¿Crees que poner la mirada internacional sobre la Argentina tiene relación con la venta de recursos naturales del país?

– Yo creo que sí, porque no creo que nada sea inocente. Es una campaña orquestada: aparecen montones de perfiles falsos y también gente muy reconocida de la cultura y del arte. Hoy se conoció el caso de una compañera argentina que le contestó a Patti Smith en las redes, y Patti Smith terminó borrando su posteo original. Hay una política exterior de este gobierno cada vez más clara en cuanto a la venta de tierras y recursos, entonces es mejor borrarte la identidad. Me parece que todo tiene que ver con todo.

¿Qué mensaje deja la Selección más allá del resultado?

– El mejor mensaje que nos deja nuestra selección es la cuestión del conjunto, de lo colectivo. Nuestras mejores conquistas siempre fueron colectivas: los derechos laborales, la marea verde, la independencia, las Madres de Plaza de Mayo. Los feminismos aprendemos mucho de esto, de que los liderazgos no necesariamente tienen que ser autoritarios y a los gritos, de que hay capacidad de diálogo y de construir un grupo. Con muchísima humildad, el jugador más talentoso necesita al compañero que recupera la pelota y se la pasa lo mejor posible.

Se viene el Mundial femenino en 2027. ¿Cuáles son las expectativas?

– Va a ser el primer Mundial femenino en nuestra región, en Brasil. La Selección argentina ya está clasificada, y las tres selecciones —sub-17, sub-20 y mayor— están clasificadas para sus respectivos mundiales. Va a haber un cruce intergeneracional importante, con jugadoras de mucha experiencia como Florencia Bonsegundo y la capitana Aldana Cometti, junto a jugadoras muy jóvenes del torneo local. Hay que darle toda la difusión posible, porque no va a tener la misma masividad. La gran mayoría consumimos fútbol de varones, pero no tanto el fútbol femenino, y ahí está nuestro rol.

Como exjugadora, ¿qué cambió para las nuevas generaciones?

– Cuando yo era piba no había ningún lugar para jugar. Tengo 61 años y hoy veo a montones de pibas chiquitas que van a los clubes y ya son tratadas como futbolistas desde una edad temprana. Eso es vital, y por ahí vamos: que cada vez más niñas se vean reflejadas en un plantel de mujeres y no tanto de varones.

Más allá de la polémica y de la final, este Mundial deja una vez más la confirmación de algo que Santino nombra de forma directa: el fútbol es nuestro juego, un lenguaje común que atraviesa clubes de barrio, villas y estadios sin distinción de clase, de género ni de generación. Esa misma cultura que unió al país detrás de una bandera es la que todavía tiene un nuevo desafío, la de mirar con la misma pasión al fútbol que juegan las mujeres.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba