La República de la Vereda: memoria, identidad y resistencia del carnaval paranaense

Durante más de 12 años, Nora Aracil y un equipo de la Escuela de Carnaval reconstruyeron, a través de entrevistas, documentos y testimonios, la historia de las expresiones carnavaleras de Paraná. El resultado es La República de la Vereda. Memorias del Carnaval paranaense, un libro que recupera las raíces populares, guaraníes y afrodescendientes del carnaval y también las disputas por su identidad frente a la mercantilización y las regulaciones municipales.

¿Desde cuándo podemos pensar la existencia del carnaval en Paraná y qué transformaciones atravesó a lo largo del tiempo?

-El carnaval en Paraná data del 1800, desde el inicio de la ciudad. Cuando hablamos de carnaval tenemos que pensar más allá del desfile de comparsas o del espectáculo comercial. Hay que recuperar las expresiones populares de los pueblos racializados, esa liberación del ser popular vinculada históricamente a las celebraciones del carnaval.

El carnaval existe en Paraná, como en todo Entre Ríos, desde que se inician las ciudades, aunque con otros formatos y expresiones: la danza, los juegos de agua, el encuentro popular. Después, en 1928, aparece la primera expresión callejera artística del carnaval paranaense: una charanga denominada Porteños Argentinos.

Surge de la mixtura entre aquellos vecinos del Tambor que habían sido expulsados hacia lo que hoy conocemos como San Agustín y algunos trabajadores del ferrocarril, inmigrantes y anarquistas. Era una agrupación musical muy particular, cercana a una fanfarria, pero con una fuerte presencia del tambor negro.

¿Cuál es entonces el ADN del carnaval de Paraná? ¿Qué identidades se fueron cruzando para construirlo?

-Nuestro carnaval tiene una matriz guaraní y también una fuerte presencia de la negritud del tambor. Después de la expulsión de la población negra del barrio del Tambor, esas comunidades fueron desplazadas hacia distintos sectores de la ciudad, entre ellos San Agustín y el área ubicada detrás de los arroyos La Santiagueña y Antoñico.

Esas poblaciones negras se mixturaron con inmigrantes y con los pueblos originarios que permanecían urbanizados en la zona del puerto. De esa combinación se construyó una identidad paranaense con una sonoridad profundamente atravesada por lo negro y por las expresiones del batuque religioso.

Lo que ocurre es que ese carnaval vive en los márgenes. Por eso también es necesario discutir qué entendemos cuando hablamos de identidad y de las raíces del carnaval paranaense.

¿Qué particularidades tiene el carnaval de Paraná y a qué deberíamos prestar atención cuando vayamos a verlo?

-A lo que sobrevive. Hay que mirar especialmente a las comparsas de matriz guaraní que pelean por sostener su identidad y evitar ser avasalladas por la mercantilización del carnaval como objeto turístico. También hay que mirar a las baterías, que son un emergente de las últimas décadas, y fundamentalmente a los grupos carnavalescos.

Paraná tiene una historia atravesada por la opresión, la negación y el intento de encasillar sus expresiones en modelos que no le pertenecen. El libro cuenta, por ejemplo, cómo hubo murgas humorísticas con una enorme tradición de teatralidad repentista que se sostuvo desde la década de 1940 hasta el año 2000 y que desapareció a partir de una ordenanza municipal que todavía sigue vigente. Esa ordenanza fue escrita a medida de la privatización del carnaval y terminó expulsando a expresiones propias de la murga.

¿Qué pasó con esas expresiones populares que quedaron fuera del carnaval oficial?

-Siempre pongo el ejemplo de Los Mata Cirujanos o Los Cirujanos Matazanos, una murga humorística que surgió en San Agustín a partir del frigorífico municipal y comenzó a salir en 1943. Ellos atravesaron distintas dictaduras y siguieron haciendo carnaval. Sin embargo, los expulsó la ordenanza de 2001. Esa historia permite entender cómo nuestra matriz artística, teatralizada y humorística terminó desapareciendo del carnaval.

Nuestro carnaval tiene muchas desapariciones materiales y simbólicas.

¿Qué lugar ocupa La República de la Vereda frente a esa historia?

-No es una historiografía medida ni una mirada académica desde afuera. Es una crónica narrativa de alguien que forma parte de esta historia y que tuvo el honor de recibir los relatos de muchas personas en primera persona.

El trabajo de investigación fue colectivo. Lo hicimos desde la Escuela de Carnaval, junto con Ana y Esteban, y nos llevó más de 12 años. Primero se plasmó en una serie de documentales y entrevistas. Entrevistamos a más de 100 personas: dirigentes, directores de comparsas retirados, murguistas, artistas y personas jóvenes que transitan actualmente el carnaval.

Después ese proceso dio lugar al Museo del Carnaval y ahora comenzamos a plasmar esa investigación y esa memoria viva en este primer libro.

El nombre, La República de la Vereda, recupera una expresión de Jaime Roig y refiere justamente al lugar donde habita habitualmente el carnaval popular: la vereda.

¿Por qué hablar de memoria viva y no simplemente de historia?

-Porque este libro no está pensado solamente para recordar. Es una memoria activa del carnaval, pensada desde la disputa por la calle. La pregunta es quiénes somos, qué somos, qué entendemos por carnaval y qué carnaval queremos para esta ciudad.

La memoria está viva porque esas expresiones siguen existiendo, aunque muchas veces tengan que resistir condiciones adversas para sostener su identidad.

¿Cómo se mantiene vivo el carnaval durante todo el año?

-En Samba Oeste Litoral, que es una comparsa del barrio El Sol y de la que soy parte e impulsora, ensayamos los sábados a las 17 horas. En esta época del año también tenemos talleres y trabajo coreográfico durante la semana. Hay otras expresiones que trabajan durante todo el año. Por ejemplo, la batería Bicui ensaya en Anacleto Medina Abajo y Batucá Libertad lo hace los jueves en el barrio Libertad.

Hay muchas expresiones carnavaleras que siguen organizándose, ensayando y construyendo comunidad aun cuando no sea temporada de carnaval.

¿Qué es el Museo del Carnaval y cómo puede visitarse?

-El Museo del Carnaval fue fundado en 2020 y es el único museo comunitario de carnaval del mundo. Tiene una particularidad: es itinerante.

Nuestro patrimonio está guardado en la Biblioteca Le Mevel, pero como no tenemos un espacio físico permanente de exhibición, llevamos las muestras a donde nos convocan. Si viene una escuela, una biblioteca o una comunidad y quiere conocer el patrimonio, armamos la muestra y la llevamos.

Es un patrimonio vivo que reúne objetos, fotografías y documentos desde 1920. Estamos trabajando para poder dejar próximamente una muestra permanente para que la gente pueda visitarla.

¿Cuándo se presenta La República de la Vereda en Paraná?

-La primera presentación formal será en la Feria del Libro de Paraná, el viernes 14 a las 15:30, en el hall de la Sala Mayo. El libro podrá comprarse durante toda la feria y también está disponible en formato digital.

Después tendremos una presentación más amplia y con un concepto mucho más carnavalero el 23 de septiembre en el Centro Cultural Juan L. Ortiz. Será una presentación específicamente dedicada al libro, pero con una propuesta vinculada al carnaval.

La República de la Vereda nació también gracias al Fondo Económico de Incentivo a la Cultura, las Artes y la Ciencia (FEICAC), que nos permitió concretar la escritura y convertir en libro todo este proceso de investigación y memoria colectiva.

El carnaval paranaense, en la mirada de Nora Aracil, aparece así como una expresión cultural atravesada por la memoria, las migraciones, las raíces guaraníes y afrodescendientes, la organización comunitaria y también por las disputas políticas y económicas que definieron qué expresiones podían ocupar la calle. La República de la Vereda propone recuperar esas voces para volver a discutir qué carnaval quiere Paraná y quiénes tienen derecho a construirlo.

El libro se presentará oficialmente el 14 de agosto de 2026 a las 15:30 en el Hall Central de Sala Mayo, en el marco de la Feria del Libro Paraná Lee. Allí se podrán adquirir ejemplares. La entrada es libre y gratuita.

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