«Que no hable con nadie, que venga a hablar conmigo», la indicación de Pavón a Wagner

Por Sandra Miguez- Especial para Y de repente la noche

Los testimonios de Nora González y Gabriel Otero aportaron detalles sobre la relación entre Sebastián Wagner y Néstor Pavón, sus comunicaciones durante la madrugada del femicidio y los movimientos posteriores. Una indicación de Pavón, transmitida a través de Gabriel Otero, quedó entre los episodios relevantes de la quinta audiencia: le pidió que Wagner, cuando se levantara, no hablara con nadie y fuera directamente a verlo. El automóvil embarrado, su limpieza conjunta y las circunstancias de la desaparición posterior de Wagner completaron una secuencia que se incorporó al debate.

La quinta audiencia del juicio por el femicidio de Micaela García permitió avanzar en la reconstrucción de las horas previas y posteriores al crimen, a partir de testimonios que aportaron información sobre el vínculo entre Sebastián Wagner y Néstor Pavón, sus desplazamientos y las conductas que tuvieron durante los acontecimientos del 31 de marzo y el 1 de abril de 2017.

La declaración de Nora González, pareja de Wagner en aquel momento, tuvo un lugar central. Su testimonio permitió reconstruir las comunicaciones que mantuvo con ambos hombres durante la noche del viernes, el regreso de Wagner durante la mañana del sábado, el estado en que se encontraba el automóvil y el posterior lavado del vehículo junto a Pavón.

También declararon Gabriel Otero, Sofía Micaela Otero, Nancy Zárate y Marcelo Rivasseau, quien brindó precisiones sobre la investigación.

La relación entre Pavón y Wagner: invitaciones, dinero y promesas

Nora González relató que durante la noche del 31 de marzo intentó que Wagner regresara a su casa. Para ello intercambió mensajes con él y también con Pavón, a quien inicialmente le preguntó si Wagner «está en el lavadero todavía a esta hora».

Al no obtener respuestas y ante la sospecha de que Wagner había llegado borracho en otras oportunidades, le envió un fuerte reclamo a Pavón pasadas las 23. «Es hora que el Seba se vaya a casa», escribió la mujer, para recriminarle: «Lo tiene de esclavo, lo explota por monedas. No le importa una familia, a usted solo le importa la plata».

La testigo explicó que la relación laboral entre ambos era motivo de constantes discusiones en la pareja. Según describió, Pavón solía invitar a Wagner a tomar cerveza en el lavadero, salir a comer o recorrer la ciudad, una conducta que le preocupaba porque su pareja se encontraba bajo el régimen de libertad condicional.

«Él lo invitaba mucho tiempo a salir, y volvía tomado muchas veces a casa… Pavón insistía mucho tiempo en sacarlo de casa, a llevarlo a comer, a tomar o a salir con él», declaró.

González también mencionó las promesas materiales que Pavón le hacía a Wagner, entre ellas la posibilidad de comprarle un automóvil y alquilarle una vivienda.

 

«Se ve que él quería comprarlo con el auto, le ofreció una casa, quería alquilarle una casa», remarcó.

 

Al retomar las promesas materiales que recibía Wagner, González describió cómo había comenzado la entrega de vehículos: «Pavón le dio un auto primeramente, un auto azul para que lo tuviera, lo manejara, lo usara y después le salió siendo otro vehículo que era el que tenía Wagner, diciéndole que él se lo iba a comprar y que se lo iba a ir descontando con el trabajo».

Consultada sobre por qué consideraba que Pavón buscaba «comprar» a Wagner, respondió: «Por las cosas que le iba dando, digo yo… cuando le ofreció del auto y me dijo él: “Y porque yo me rompo acá”. Me dijo con una mala palabra y por eso debe ser».

«Nos fuimos al campo con el loco»: Wagner regresó embarrado

El sábado 1 de abril por la mañana, al advertir que Wagner no había regresado, Nora decidió ir hasta el lavadero. En el camino se cruzó con él, que conducía la Renault Break. Lo encontró en un estado que le llamó la atención: «Estaba sumamente sucio y estaba todo embarrado… la remera, las manos, las piernas, todo, relató.

Al preguntarle qué le había pasado, Wagner respondió: «Nos fuimos al campo con el loco… Y nos quedamos empantanados».

Nora aclaró ante el tribunal que inmediatamente dedujo que se refería a Pavón, porque Wagner solía llamarlo «el loco Pavón». También señaló que no tenía otros amigos en Gualeguay y que prácticamente solo se vinculaba con él.

Al subir al vehículo para regresar a su domicilio junto a Wagner, observó que el barro también cubría el interior. «El auto estaba todo embarrado, especialmente en la parte del acompañante, donde se notaban como que habían apoyado las manos sobre el tablero», dijo. La mujer describió una marca que parecía corresponder a una «mano grande».

González relató que Wagner regresó al domicilio familiar durante la mañana del sábado en un estado alterado, notablemente embarrado y aparentemente bajo los efectos del alcohol o alguna sustancia. «Parecía un muñeco de goma», describió al referirse a las condiciones en que lo encontró.

Los mensajes de la madrugada: «Andaba con Pavón»

La declaración de González coincidió en este punto con la de Sofía Micaela Otero, su hija, quien también prestó testimonio durante la audiencia.

Ambas relataron que durante la madrugada del sábado 1 de abril Wagner le había escrito a Sofía para decirle que «andaba con Pavón». En esos mensajes también le pidió el número de una amiga porque, según le explicó, «querían ver si alguna chica quería salir con ellos a dar una vuelta de noche».

El intercambio constituye un dato relevante para reconstruir los movimientos de ambos durante la madrugada en que se produjo el femicidio de Micaela.

La indicación de Pavón: que Wagner no hablara con nadie y fuera a verlo

Uno de los episodios más significativos del testimonio fue el que involucró a Gabriel Otero, hijo de Nora González. Poco después del regreso de Wagner, Néstor Pavón se comunicó telefónicamente para solicitar las llaves del lavadero.

Gabriel fue el encargado de llevarlas hasta el establecimiento, ubicado entre las rutas 12 y 11, cerca del mediodía. Al entregárselas, Pavón le preguntó por Wagner. Otero le respondió que estaba durmiendo.

Entonces, según relató ante el tribunal, recibió una instrucción precisa de Pavón: «Decile que lo primero que tiene que hacer cuando se levante es venir y hablar conmigo… Hoy, mañana o pasado, que no hable con nadie que venga a hablar conmigo«.

La indicación adquiere particular relevancia dentro de la reconstrucción de los acontecimientos: Pavón quería que Wagner se comunicara directamente con él cuando despertara y que evitara hablar con otras personas.

Otero también describió el estado en que se encontraba la Renault Break que utilizaba Wagner, un vehículo que había sido facilitado por Pavón en el marco de la relación laboral entre ambos. Según su declaración, el automóvil estaba completamente cubierto de barro, tanto por fuera como por dentro. El torpedo, el volante, la alfombra, partes del vidrio y el sector del acompañante presentaban manchas importantes.

Sin conocer todavía lo ocurrido con Micaela, Otero procedió a limpiar el vehículo cerca del mediodía. Lo manguereó, utilizó un balde y pasó una aspiradora, aunque el barro estaba tan pegado y endurecido que no logró removerlo por completo.

Su testimonio también dio cuenta de la estrecha relación entre ambos hombres. Según señaló, Wagner no tenía amigos en Gualeguay y «la única persona que salía era con Pavón», a quien llamaba «el loco». Además del automóvil, Pavón le había facilitado un teléfono celular.

El lavado conjunto del automóvil

La secuencia continuó durante la noche del sábado. Según relató Nora González, acompañó a Wagner cuando se despertó hasta el lavadero. Allí, Wagner y Pavón ingresaron el automóvil y «lo lavaron entre los dos» minuciosamente, utilizando una hidrolavadora.

El episodio adquiere relevancia al considerar el estado en que el vehículo había regresado durante la mañana y las dificultades que había tenido Gabriel Otero para quitar el barro adherido a distintas partes de su interior.

La secuencia relatada por los testigos permite establecer tres momentos en relación con el automóvil: primero, el regreso de Wagner con el vehículo cubierto de barro; después, la limpieza que realizó Gabriel Otero sin conseguir quitar completamente los restos adheridos; y finalmente, el lavado que Wagner y Pavón hicieron juntos durante la noche.

Los últimos movimientos conocidos de Wagner

González también relató lo ocurrido el lunes 3 de abril por la tarde, cuando Pavón fue a buscar a Wagner a su casa, lo llevó hasta la esquina y ambos se retiraron en el automóvil. Al regresar, Wagner le contó que Pavón le había pedido que fuera durante la madrugada a lavar un camión. Wagner salió de su domicilio entre las 2.30 y las 3 de la mañana del martes 4 de abril y nunca regresó. La mujer aportó así otro dato sobre los últimos movimientos conocidos de su pareja y el vínculo que mantenía con Pavón.

Los gritos de Micaela y las sandalias en el lugar del secuestro

Durante la audiencia también declaró Nancy Zárate, la mujer que aquella madrugada escuchó los gritos de Micaela pidiendo auxilio.

Zárate recordó haber escuchado: «Déjenme…no me maten». Un aspecto que destacó ante el tribunal fue que los gritos fueron pronunciados en plural. Por esa razón, manifestó que entendió que podían ser dos o más las personas involucradas en la situación que estaba escuchando.

La testigo también logró identificar las sandalias que habían quedado en el lugar donde Micaela fue secuestrada, un elemento que se incorporó a la reconstrucción de aquella madrugada.

Las primeras medidas de investigación, bajo la mirada de la querella

Hacia el final de la jornada prestó declaración Marcelo Rivasseau, integrante de la Policía de Entre Ríos que intervino en la investigación del femicidio en Gualeguay, quien brindó detalles sobre la investigación del caso y su intervención en esa instancia, con referencias a las actuaciones y los procedimientos desarrollados durante la pesquisa.

A partir de su testimonio, la querella dejó planteadas dudas sobre algunas de las primeras decisiones investigativas. En particular, cuestionó por qué, desde el comienzo de la investigación y sabiendo que Micaela tenía un teléfono celular, no se solicitó la geolocalización del dispositivo.

El interrogante de la querella apuntó a las medidas técnicas que podrían haberse adoptado desde el inicio de la búsqueda y a la información que eventualmente habría permitido obtener el análisis del teléfono de Micaela.

La quinta audiencia incorporó nuevos elementos para reconstruir la relación entre Wagner y Pavón, sus movimientos durante las horas posteriores al femicidio y las circunstancias que rodearon el secuestro de Micaela. La indicación de Pavón para que Wagner no hablara con nadie y fuera directamente a verlo, el estado del automóvil y su posterior lavado conjunto quedaron entre los episodios centrales de una jornada que también volvió a poner bajo análisis las primeras decisiones de la investigación.

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