Desde la Red Federal advierten sobre una ola de denuncias a psicólogos y el abuso de poder

“Hay testimonios ya expuestos de índole sexual, de amenazas, expresiones violentas y se ha transformado en una tortura para alumnas y pacientes. Quiero destacar que este ha sido uno de los modos más obscenos, pero hay otros más sigilosos del abuso de poder que dejan a muchas víctimas en situaciones de confusión” dice Magalí Besson, psicoanalista, docente de posgrado y supervisora clínica de la Dirección de Salud Mental de Santa Fe, en diálogo con La República. Besson integra además la Red Federal de Psicólogas, un espacio que viene acompañando denuncias de abusos de poder en el ámbito universitario y en consultorios particulares.

Un abuso que excede los límites del consultorio

Besson sostiene que lo que está saliendo a la luz no se restringe a la Ciudad de Buenos Aires ni a ciertos escenarios académicos, sino que se replica en distintas provincias, y dentro de prácticas que deberían estar guiadas por la ética y el cuidado.

“Esto que se ha conocido respecto de los abusos de poder de parte de docentes, sobre todo en universidades, pero también en espacios de formación particular, nos obliga a pensar en una denuncia más amplia de todo modo de abuso de poder”, subraya.

El testimonio de Besson no se detiene en casos aislados. Señala que detrás de las situaciones más visibles hay una trama silenciosa de legitimaciones institucionales, complicidades y omisiones.

“Sabemos que han ocurrido hechos de absoluta falta ética, incurriendo en abusos de poder de los más terribles. Psicólogos y psicoanalistas que se involucran con sus pacientes, haciendo uso de la transferencia para producir fascinación o seducción, lo que luego genera sufrimientos muy graves”, explica.

El problema, agrega, radica también en una lógica de impunidad que se extiende cuando las instituciones que forman o matriculan profesionales no actúan ante las denuncias.

La denuncia a Javier Pérez, alias Chinasky

El caso más reciente que detonó esta conversación fue la denuncia pública contra el psicólogo Javier Pérez, conocido en redes sociales como Chinasky. Matriculado en Rosario, Pérez había construido una figura mediática a través de la divulgación de contenidos sobre salud mental, mezclando ironía, exposición y discurso provocador.
Pero en las últimas semanas comenzaron a circular testimonios de pacientes y alumnas que lo señalan por abuso sexual, manipulación emocional y prácticas intimidatorias.

“Decidimos poner un coto a algo que ya se venía planteando como un malestar muy fuerte del lado de muchas colegas —explica Besson—. En este personaje encontramos un síntoma de algo más extendido, que incluye a otros profesionales y que nos obliga a repensar cómo se han venido legitimando ciertas conductas bajo el manto de la autoridad académica o el prestigio profesional.”

A partir de la viralización de los primeros videos y testimonios, la Red Federal de Psicólogas comenzó a recibir nuevos relatos que describen experiencias similares, tanto con Pérez como con otros terapeutas. Estos espacios ofrecen contención y orientación a las víctimas, y al mismo tiempo buscan visibilizar la dimensión estructural del problema: la utilización del saber psi para ejercer dominio sobre personas en situación de vulnerabilidad.

La ingeniería del poder dentro del discurso psi

Besson advierte que el problema no se reduce a conductas individuales sino a una trama discursiva que habilita el abuso.

“Estos divulgadores que incurren en abusos buscan generar nuevos consensos sobre las prácticas psi con el objetivo de legitimar sus abusos dentro y fuera de los consultorios. Buscan normalizar, desde su lectura de la teoría y sus propias teorías, nuevos parámetros de tolerancia respecto de prácticas no éticas.”

Esa “normalización” encuentra terreno fértil en el contexto actual, donde el discurso de la salud mental se populariza en redes sociales, pero también se vacía de responsabilidad y rigor. El poder de la palabra —aquello que debería abrir espacio para el cuidado y la escucha— se vuelve un dispositivo de fascinación, de seducción o de sometimiento.

Una lectura necesaria

La denuncia contra Chinasky no solo expone un caso individual sino un modo estructural de abuso de poder que atraviesa la salud mental, la docencia y la divulgación. Como advierte Besson, lo que emerge hoy es la posibilidad de repensar la práctica profesional desde la ética y la responsabilidad colectiva, rompiendo los pactos de silencio y las complicidades que durante años permitieron que estos abusos se repitan.

En la superficie, los discursos pueden parecer progresistas o incluso descontracturados. Debajo, se revelan las formas más perversas del poder: aquellas que se esconden detrás de la palabra “cura”.

Escuchá parte de la entrevista realizada por Ani Alegre a Magalí Besson en La República, medio de comunicación

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