Fernando Miguez: «La falta de pensamiento crítico está transformando la manera en que se construye sentido»

El periodista  Fernando Míguez analiza el presente del periodismo con una mirada aguda sobre los cambios culturales, la desinformación y la precarización laboral que atraviesan al oficio. En diálogo con Y de repente la noche, Míguez advierte que “vivimos un cambio de paradigma que todavía no terminamos de entender”, y sostiene que “la posverdad, la espectacularización y la falta de pensamiento crítico están transformando la manera en que se construye sentido”.

“Es un momento bisagra —plantea—, pero no como una frase hecha. Hay un cambio cultural profundo. Lo vimos en las últimas elecciones: las encuestadoras erraron todas, porque cambió la sociedad, la política ya no es tan predecible”.

Desde esa observación, el periodista propone pensar el oficio y la coyuntura como parte de un mismo fenómeno: un tiempo donde la información circula de manera vertiginosa y muchas veces sin control, erosionando tanto la credibilidad del periodismo como la calidad democrática.

El oficio y la imagen

Míguez no evade la autocrítica hacia la propia profesión:

“Hoy es más fácil ser influencer de marcas que periodista. Y terminamos por preguntarnos: ¿me está informando o me está vendiendo algo? Entiendo la necesidad económica, pero cuando se desdibuja la profesión, también se erosiona la credibilidad”-

El periodismo, sostiene, se volvió un territorio donde las fronteras entre la información, el espectáculo y la publicidad se mezclan peligrosamente.

“Hay un negocio con la información. Todo se volvió un show. Los titulares buscan el clic, no el contenido. Y el espectáculo termina reemplazando a la verdad”.

Entre anécdotas y ejemplos concretos, Míguez analiza cómo las noticias falsas —y lo que denomina “narrativas distorsionadas”— se convirtieron en una herramienta cotidiana de manipulación:

“Lo más grave no es la noticia falsa en sí, sino esa narrativa que no es del todo mentira, pero tampoco verdad. Eso es incluso más nocivo, porque no se puede refutar. Distorsiona y deja a la gente en un lugar intermedio”.

Frente a esa dinámica, la saturación informativa y la velocidad de las redes sociales impiden el chequeo y fomentan la confusión:

“Las noticias circulan tan rápido que la rectificación nunca llega. La gente se queda con lo primero que leyó, aunque sea falso.”

Trabajo y precarización

Otro de los temas centrales de la charla fue la situación laboral de quienes trabajan en medios:

“Cada vez es más difícil sobrevivir en esta profesión. Muchos colegas tienen cuatro o cinco trabajos para llegar a fin de mes. Hay periodistas manejando un remis o haciendo Uber. Es doloroso, pero real”.

Y agrega, con una mirada estructural:

“Cuando un periodista gana mal, corre el riesgo de entrar en circuitos donde la información se convierte en negocio. Lo mismo que pasa en otros sectores del Estado: salarios bajos, falta de reconocimiento, y un sistema que empuja a la gente a sobrevivir como pueda.”

Política, discurso y cultura

La conversación derivó también hacia el clima político y la forma en que los discursos del poder inciden en el lenguaje social:

“El gobierno nacional usa la descalificación como método. A cualquiera que no piense igual se lo etiqueta: cuca, zurdo, ñoqui. Es un lenguaje estudiado, infantil, pero efectivo. Y va destruyendo todo: el respeto, el periodismo, la democracia”.

Frente a ese panorama, Míguez propone rescatar dos herramientas fundamentales: el humor y la educación.

“El humor es una gran herramienta para mostrar lo ridículo del poder. Molesta a los intolerantes y obliga a pensar. Y a largo plazo, lo que necesitamos es una reforma educativa profunda, que vuelva a enseñar a razonar, a leer críticamente, a tener conciencia de las decisiones que tomamos como sociedad”.

El costado artístico

Además del periodismo, Fernando Míguez cultiva su faceta como artista plástico. “Trabajo con pintura y dibujo —cuenta—, con acrílicos, tintas, acuarelas. Mis obras están inspiradas en el litoral, en figuras místicas, medio oníricas.”
En tono más distendido, confesó su fascinación por lo bizarro y el modo en que el arte y el humor le permiten respirar entre tanta densidad informativa.

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