25N | Contar para cuidar. Nombrar para transformar.

Especial de Y de repente la noche

Y aunque los datos duelen, seguimos aportando datos que permitan abrir puertas.

En Argentina, según el Observatorio de La Casa del Encuentro, entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 hubo 260 víctimas de violencia de género: 237 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, 3 trans/travesticidios, 1 lesbicidio y 19 femicidios vinculados de varones y niños. Solo entre octubre y noviembre de este año, se registraron 36 femicidios, 1 trans/travesticidio y 5 femicidios vinculados de varones.

Son números que nos atraviesan, pero no son solo números: son historias, vidas, familias, proyectos que no llegaron a seguir. Son alarmas.

En Entre Ríos, la Oficina de Violencia de Género del Superior Tribunal de Justicia muestra otra cara del problema, la que no llega a las portadas pero que se vive todos los días. Entre enero y octubre de 2025 se presentaron 10.868 expedientes. Una denuncia cada 40 minutos. El 88,7 por ciento de las víctimas son mujeres o niñas. La edad promedio: 34 años.

La violencia no siempre empieza con una agresión directa. A veces empieza con un control, con una humillación, con un “sin mí no podés”. La mayoría de los casos son de violencia psicológica (57%) y física (28%), pero también hay económica, sexual, simbólica. Y casi siempre ocurre donde más debería cuidarnos: el hogar. El 79 por ciento de las violencias registradas es doméstica.

Y cuando preguntamos quién es el agresor, también aparece un patrón: el 66% fueron parejas o exparejas de la víctima. El 97% de todos los agresores registrados son hombres.

Pero hay un dato que también importa: 4.680 mujeres pidieron medidas de protección este año. Porque pedir ayuda también es un acto de esperanza. Y es ahí donde algo empieza a cambiar.

El Índice de Concientización sobre Violencia hacia las Mujeres, presentado en noviembre por la Fundación Natura y Fundación Avón, muestra que el 87 por ciento de las mujeres reconoce haber pasado por alguna situación de violencia. Y aunque parezca un dato duro, también es un dato de claridad. Porque reconocer es el primer paso para salir. Y cada vez se reconoce más.

El 75 por ciento dijo que actuaría si ve una situación de violencia. El 70 por ciento siente que es una responsabilidad colectiva. Eso también es una forma de esperanza: la que se construye entre todas y todos.

Lo que aprendimos es que la violencia no es natural. No es inevitable. No es un destino. Se aprende, se repite, se habilita. Pero también se puede desaprender. Se puede detener. Se puede transformar.

Y ahí está el punto: no se trata solo de denunciar. Se trata de acompañar. De escuchar. De mirar distinto. De aprender a preguntar: “¿Estás bien?”. Y esperar la respuesta.

Porque de la violencia no se sale sola. Se sale con redes, con comunidad, con amigas, con vecinas, con un Estado que proteja, con medios que nombren sin estigmatizar, con escuelas que enseñen igualdad. Se sale cuando dejamos de mirar para otro lado.

Cada 25N encendemos una luz. No para alumbrar el miedo, sino para abrir camino. Para decir que hay salida. Que hay acompañamiento. Que hay leyes que existen y que deben cumplirse. Que hay personas que acompañan, organizaciones que abrazan, redes que sostienen.

Y en ese camino, aunque parezca largo, ya empezamos a andar.

Contar es visibilizar. Visibilizar es cuidar.
Y cuidar es, también, una forma de esperanza.

 

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