Carrere: «Ir contra la universidad es ir contra la identidad de la nación Argentina»

El decano de la UTN Regional Paraná, Alejandro Carrere, y el director de la radio, Marcelo D’ Amico, analizaron en Y de repente la noche el impacto concreto del desfinanciamiento universitario, en el marco de la cuarta marcha federal. Una factura de luz que consume casi todo el presupuesto mensual disponible y docentes que pagan de su bolsillo para ir a dar clases.


La cuarta marcha federal universitaria convocó en Paraná a más personas que la del año anterior. Entre los presentes, estudiantes, docentes, egresados e incluso varios funcionarios judiciales que habitualmente no participan de movilizaciones. El trasfondo no es nuevo: el Consejo Interuniversitario Nacional documentó que las transferencias a universidades nacionales registraron una caída real acumulada del 45,6 por ciento entre 2023 y 2026. La ley de financiamiento aprobada por el Congreso y ratificada frente al veto del Ejecutivo lleva, al día de la marcha, 205 días sin ser aplicada.

¿Cómo explicarle a alguien que no tiene vínculo con la universidad qué significa concretamente el recorte?

Alejandro Carrere: El ejemplo más directo que puedo dar es el de un docente de otra ciudad que viaja a Paraná con dedicación simple. Hoy ese docente no cubre con el salario ni siquiera los costos del transporte. Antes de dar clases, muchos prefieren irse porque les sale plata venir. Un auxiliar de primera categoría sin antigüedad cobra alrededor de 250.000 pesos de bolsillo. No alcanza para cubrir la canasta básica, y mucho menos para pensar en una carrera docente.

¿El problema es sólo salarial o afecta también al funcionamiento cotidiano?

Alejandro Carrere: Afecta todo. Históricamente el presupuesto universitario se distribuía 85 por ciento para masa salarial y 15 para servicios, becas e investigación. Hoy esa relación es 95 a 5. Con ese 5 por ciento hay que pagar luz, gas, seguridad, internet, seguros. Una factura mensual de electricidad en nuestra facultad es de 5.300.000 pesos. La partida mensual total para servicios es de 6.500.000. Si no tuviéramos ingresos complementarios, no podríamos abrir las puertas.


«Con ese presupuesto hay que pagar luz, gas, seguridad, internet y seguros. La factura de luz sola es de 5.300.000 pesos. La partida mensual para todo lo demás es de 6.500.000».


Marcelo, vos mencionaste la Reforma del 18 y la normalización del 83. ¿Por qué ese contexto histórico importa para entender lo que pasa hoy?

Marcelo D’Amico: Porque no estamos hablando de una institución cualquiera. Desde la reforma de 1918 en Córdoba hasta la normalización universitaria del 83, la universidad fue transformando su matrícula. Desde los 70 en adelante, y especialmente desde la recuperación democrática, las mujeres empezaron a incorporarse masivamente hasta convertirse en mayoría. Eso no es un dato menor. Y en el 95, cuando se discutía la Ley de Educación Superior que finalmente se aprobó con los votos del menemismo y de bancadas provinciales del PJ, también hubo una lucha encarnada. Alejandro y yo estuvimos ahí, en el movimiento estudiantil. Lo que vemos hoy es ese mismo modelo, pero con mucho más desorden.

¿Qué diferencia ves entre aquella resistencia y la actual?

Marcelo D’Amico: En los 90 existía lo que llamábamos la multisectorial: la MTA, la CTA, la FUA, las pequeñas y medianas empresas. Una articulación de fuerzas vivas que no podía ser descartada como «la oposición». Hoy esa articulación no tiene la misma potencia. Lo que sí veo es que en torno a la universidad hay un consenso distinto, más sólido. La marcha de ayer lo confirma. Pero a nivel político más amplio hay dispersión. Los gobernadores y los legisladores que votan a favor en el Congreso no siempre traducen eso en gestos concretos de presión política sostenida.


«En los 90 había una articulación de fuerzas vivas que no podía ser descartada como ‘la oposición’. Hoy esa articulación no tiene la misma potencia».


Alejandro, el gobierno respondió al anuncio de la marcha con un nuevo recorte. ¿Cómo se procesa eso desde adentro de la institución?

Alejandro Carrere: Con mucho malestar, pero también con claridad sobre lo que representa. La disposición 20, publicada el lunes anterior a la marcha, fue un corte adicional sobre los que ya venimos acumulando. Uno podría pensar que el gobierno no comprende el fenómeno. Pero no: no le interesa comprenderlo. No está en su agenda. Y cuando actúa así, sin ningún tipo de consideración, y lo hace el día previo a una movilización masiva, eso tiene un grado de perversidad que habla de una decisión deliberada.

¿Cómo está respondiendo el sistema universitario de manera orgánica?

Alejandro Carrere: El Consejo Interuniversitario Nacional, que reúne a los rectores y rectoras de todas las universidades del país, logró sostener una unidad importante pese a sus diferencias internas. Hubo intentos de quebrarla, como cuando se intentó derogar la ley vigente y reemplazarla por otra. No prosperó. Hoy el CIN trabaja junto a los sindicatos docentes y no docentes con un diagnóstico compartido. El problema es el financiamiento, y la solución pasa por que el Ejecutivo cumpla la ley.


«La disposición 20 fue publicada el lunes, un día antes de la marcha. Eso tiene un grado de perversidad que habla de una decisión deliberada».


¿Qué pasa con la credibilidad del conocimiento científico en este contexto?

Marcelo D’ Amico: Es uno de los aspectos más graves. Estamos en un momento donde un científico que pasa años validando un paper compite en visibilidad con un eslogan en redes sociales. Y el eslogan gana en alcance. Hay una dinámica de lo que Byung-Chul Han llama el enjambre: grupos que atacan coordiandamente cualquier discurso que contradiga la narrativa oficial. Eso no es relativismo teórico. Cuando vas a chequear los datos que sostienen esos discursos, encontrás falacias. Pero la lógica del like no requiere verificación.

¿Y la cuestión de las auditorías, que también aparece como argumento para deslegitimar el reclamo?

Alejandro Carrere: Las universidades son de las instituciones con mayor densidad de controles en el sistema público. Cada proceso de compra, cada licitación pasa por la Unidad de Auditoría Interna. Y además la Auditoría General de la Nación audita por ley. Las rendiciones son obligatorias y periódicas. Cuando se instala la idea de que las universidades no rinden cuentas, eso no se corresponde con ningún dato real. Es un discurso que funciona bien en redes porque nadie va a ir a leer el informe de la AGN, pero la información está disponible.


«Las universidades son de las instituciones con mayor densidad de controles en el sistema público. Que se instale la idea de que no rinden cuentas no se corresponde con ningún dato real».


Para cerrar: ¿por qué debería importarle esto a alguien que hoy no tiene ningún vínculo directo con la universidad?

Alejandro Carrere: Porque toda persona que pasa por la universidad se transforma, y transforma a su entorno. El ascenso social en la Argentina se construyó en gran medida sobre esa base. Pero también porque los efectos del desfinanciamiento son concretos y cotidianos. El equipo del Malbrán que hoy está en Ushuaia estudiando la cepa de hantavirus son egresados de universidades públicas. Los cinco premios Nobel argentinos también. Cuando se deteriora ese sistema, no se deteriora sólo la universidad: se deteriora la capacidad del país de resolver sus propios problemas.


Alejandro Carrere es decano de la UTN Regional Paraná e integra el Consejo Interuniversitario Nacional. Marcelo D’ Amico es director de la radio y docente universitario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba