Fuente: Y de repente la noche
En una conversación profunda con Y de repente la noche, la historiadora y divulgadora Cata Cabana propuso salir de las versiones escolares de la Revolución de Mayo para volver sobre sus conflictos, sus tensiones y sus protagonistas invisibilizados. La soberanía, las disputas económicas, el rol de las mujeres y la idea de patria atravesaron una entrevista que conectó el proceso revolucionario de 1810 con los debates políticos y sociales del presente.
La Revolución de Mayo suele aparecer condensada en una imagen: un Cabildo, una plaza, paraguas, escarapelas y un puñado de próceres tomando decisiones trascendentales. Pero detrás de esa escena hay un proceso complejo, lleno de disputas, incertidumbres y proyectos contrapuestos.
De eso habló Cata Cabana en diálogo con Y de repente la noche. La escritora e historiadora planteó que pensar el 25 de Mayo exige correrse de las miradas románticas y revisar cómo se construyó la idea de nación, quiénes quedaron afuera del relato oficial y qué debates de aquel tiempo siguen atravesando a la Argentina actual.
“La Revolución de Mayo fue un proceso largo y lleno de incertidumbres”
—En esta Semana de Mayo, ¿por qué es importante volver a pensar la Revolución y su significado político?
—Porque muchas veces la pensamos como una fecha aislada, como un acto escolar, y en realidad fue un proceso muy largo. Nosotros conmemoramos el 25 de mayo porque quedó fijado en el calendario, pero todo eso venía gestándose desde hacía años. Ya había rumores de cambios, discusiones políticas, malestar con la situación colonial y una circulación de ideas nuevas que empezaban a impactar en este lado del mundo.
Pensemos también que las invasiones inglesas habían dejado experiencias muy fuertes. Habían demostrado que el territorio podía defenderse sin depender completamente de España y eso generó preguntas. Entonces, cuando finalmente llega la noticia de que el rey español había caído frente al ejército francés, se abre una posibilidad política concreta.
Lo interesante es que esa noticia llega en mayo de 1810, pero había ocurrido dos años antes. Hoy eso nos parece imposible de pensar porque vivimos en una lógica de inmediatez permanente. Vemos guerras en tiempo real, chequeamos información constantemente, tenemos redes sociales, portales y transmisiones en vivo. En ese momento no existía nada de eso. Las noticias tardaban meses o años y además no había forma de verificar si eran ciertas.
“Cuando llegó la noticia, tal vez en Europa el escenario ya había cambiado otra vez”.
Entonces también hay algo muy interesante en pensar los tiempos históricos. Nosotros hoy reaccionamos instantáneamente frente a cualquier acontecimiento. En 1810 todo era mucho más lento, más incierto, y aun así hubo sectores que entendieron que era el momento de avanzar hacia un cambio profundo.
“Las ideas de la Revolución Francesa ya circulaban entre los patriotas”
—¿Qué ideas estaban en juego en ese momento? ¿Cómo se pensaba la libertad o la soberanía?
—Había una fuerte influencia de las ideas de la Revolución Francesa. Conceptos como libertad, igualdad y fraternidad estaban circulando entre ciertos grupos políticos e intelectuales del Río de la Plata. Pensemos en personajes como Manuel Belgrano, Cornelio Saavedra o Nicolás Rodríguez Peña, que ya venían discutiendo estas cuestiones desde antes.
No fue una improvisación. Muchas veces parece que llegó la noticia de la caída del rey y automáticamente decidieron hacer una revolución. Pero no. Había grupos que venían pensando alternativas políticas hacía tiempo y que estaban esperando una oportunidad para avanzar.
Cuando finalmente se abre esa posibilidad, aparecen también los miedos y las diferencias. Había sectores que decían: “Esperemos, veamos qué pasa en España, quizá la situación se acomoda”. Y había otros que planteaban que no importaba lo que ocurriera allá, porque el momento para buscar autonomía era ese.
“No todos querían la independencia y no todos entendían la libertad del mismo modo”.
Eso también es importante decirlo porque a veces contamos la Revolución de Mayo como si hubiese existido un consenso patriótico absoluto y no fue así.
“Si todos hubiesen querido la independencia, el proceso habría sido mucho más fácil”
—¿Qué intereses económicos y políticos estaban en disputa en ese momento?
—Había sectores muy vinculados económicamente a España y al comercio europeo que no querían romper con ese esquema. Pensemos en el puerto de Buenos Aires y en todas las actividades comerciales que dependían de esa relación colonial.
Por eso digo que si realmente todos hubiesen querido la independencia, el proceso habría sido muchísimo más sencillo. Y sin embargo no lo fue. Las guerras de independencia fueron larguísimas y muy difíciles. A Manuel Belgrano y a José de San Martín muchas veces no les daban recursos suficientes para sostener las campañas militares. Ellos terminaron poniendo dinero de sus propios bolsillos para pagar sueldos, armamento o comida.
Belgrano muere prácticamente en la pobreza. Muchísimos protagonistas de la independencia terminaron exiliados o sin reconocimiento. Entonces eso desarma bastante la idea de una sociedad completamente unida detrás de la revolución. Y mientras tanto, quienes sí acompañaron masivamente las guerras fueron los sectores populares: los criollos, los negros, los gauchos, los pueblos originarios y las mujeres. Los ejércitos patrióticos estaban compuestos fundamentalmente por ellos.
“Las mujeres participaron políticamente y también pelearon”
—En los relatos históricos tradicionales, el rol de las mujeres aparece muy reducido. ¿Qué lugar tuvieron realmente?
—Está muy invisibilizado. Nosotros crecimos viendo álbumes escolares llenos de hombres: “los padres de la patria”. Y cuando aparecen mujeres, generalmente es como esposas, amantes o acompañantes de esos hombres.
Pero las mujeres participaron muchísimo. Las mujeres de sectores acomodados estaban en tertulias donde se hablaba de política y se discutía sobre lo que estaba pasando. Y además estaban las mujeres que participaron directamente en las guerras, cocinando, curando heridos o incluso peleando.
“No hay manera de que las mujeres hayan permanecido calladas en medio de un proceso revolucionario”.
Pensemos algo muy simple: si un grupo de mujeres se reunía a coser una bandera o uniformes, ¿de qué iban a hablar? Claramente iban a hablar de política, de la revolución, de la guerra, del futuro.
Y después tenemos casos concretos impresionantes, como María Remedios del Valle, Juana Azurduy, Macacha Güemes o Manuela Pedraza, que tomaron armas y participaron activamente de los enfrentamientos.
El problema es que después la historia oficial construyó relatos muy individualistas y masculinos.
“Nos enseñaron héroes individuales y no procesos colectivos”
—¿Por qué seguimos pensando la historia desde figuras individuales?
—Porque hay una tendencia muy fuerte a construir héroes únicos, casi como salvadores. Se dice “San Martín cruzó los Andes”, pero San Martín no cruzó solo. Cruzó con miles de personas. Y además estaba enfermo. Si no hubiese existido todo un pueblo acompañando, eso era imposible.
Lo mismo pasa con la Revolución de Mayo. Nos enseñan nombres propios y no procesos colectivos.
“La conformación de una nación nunca es individual: siempre es colectiva”.
Por eso para mí es importante recordar también a quienes cocinaron, cosieron uniformes, pelearon, llevaron armas o sostuvieron la vida cotidiana mientras todo eso ocurría.
Había líderes, claro, pero esos líderes pudieron hacer lo que hicieron porque había una comunidad organizada detrás.
“La Argentina sigue discutiendo dos proyectos de país”
—Mientras hablabas aparecía inevitablemente el presente argentino. ¿Encontrás puntos de contacto entre aquel momento y el actual?
—Sí, porque la Argentina tiene tensiones históricas que siguen apareciendo. Desde esos años hay sectores que piensan el país desde una lógica colectiva, entendiendo que el crecimiento tiene que incluir a todos, y otros sectores que piensan desde intereses mucho más individuales o concentrados.
Eso atraviesa toda nuestra historia.
Hoy además tenemos una crisis de representación política muy fuerte. Se ve incluso en la baja participación electoral. Mucha gente siente que nadie la representa o que la política no modifica realmente sus condiciones de vida.
Pero también es cierto que cuando uno plantea ideas vinculadas a la justicia social, la educación pública o la salud accesible, rápidamente aparece una lógica de confrontación muy agresiva. Mi bandera es que la gente esté bien, y eso implica pensar en una sociedad donde todos puedan comer, estudiar, acceder a la salud y vivir dignamente. Son discusiones muy profundas que también estaban presentes en los proyectos de algunos revolucionarios de 1810.
“Hay que volver a leer a Belgrano”
Sobre el final de la entrevista, Cabana dejó una recomendación para esta Semana de Mayo: volver a los textos originales de Manuel Belgrano.
—Creo que sería muy interesante volver a leer el ideario belgraniano directamente, sin tantas interpretaciones. Belgrano hablaba de educación, de igualdad, de desarrollo colectivo y de cómo le indignaban quienes ponían obstáculos a esos proyectos.
“Pensar qué tipo de país soñaban en 1810 puede ayudarnos a discutir qué país queremos construir hoy”.
Y agregó:
—A veces sentimos que todo está roto o que no hay salida posible. Pero estas fechas también sirven para recordar que hubo personas que, en un contexto muchísimo más incierto y difícil, se animaron a imaginar otra sociedad.
