En el marco del 7 de junio, Día de los Periodistas, dos colegas describieron un escenario de precariedad laboral estructural, concentración publicitaria y erosión del oficio. La vocación resiste, pero el modelo hace agua.
El 7 de junio llega este año sin demasiado para celebrar. El periodismo en el país —y en particular «en el interior»— atraviesa una crisis que no es nueva pero que se profundiza con cada año que pasa: escasez de puestos de trabajo en blanco, concentración de la pauta publicitaria en medios de Buenos Aires, cierre de espacios, pluriempleo como norma, presiones, censura y una generación de comunicadores formados que no encuentra dónde ejercer lo que estudió.
En Y de repente la noche, la periodista y docente Ileana Hotschewer, de Santa Fe, y Marcelo Maffey, con más de treinta años de trayectoria en Concordia, pusieron en palabras lo que muchos en el sector viven pero rara vez se dice en micrófono abierto. La conversación tuvo lugar en un contexto marcado también por los relevamientos de FOPEA y otras organizaciones que documentan el crecimiento de los ataques al periodismo, con especial foco en las mujeres periodistas y en los medios del interior del país.
«Elegí una hermosa profesión para cagarme de hambre,» dijo Maffey, citando a uno de sus primeros profesores. Y aclaró que hoy esa frase dejó de ser un chiste: «Ya no es una metáfora, hoy es literal».
Maffey describió la situación de Concordia, segunda ciudad de la provincia con más de doscientos mil habitantes en el conglomerado, como un caso extremo de desinversión comunicacional. Según sus cálculos, no más de veinticinco personas trabajan en relación de dependencia en toda la ciudad. «La mayor cantidad la tiene el servicio de cable. El resto estamos a la deriva,» señaló. En paralelo, más de ochenta radios FM operan en el distrito, muchas de ellas vinculadas a referentes políticos, sin que eso se traduzca en condiciones laborales dignas para quienes hacen periodismo.
La pregunta que organizó buena parte del intercambio fue directa: ¿cómo se sostiene un medio en ese contexto? El problema del financiamiento atravesó toda la conversación. La pauta publicitaria de las grandes emisoras de Buenos Aires capta buena parte del presupuesto comercial local. «Hay lista de espera para ingresar a la grilla publicitaria de las radios porteñas, y yo fui a pedir sesenta mil pesos para pagar un operador,» relató Maffey. La cifra resulta elocuente: mientras los medios nacionales concentran el dinero disponible, los locales no logran cubrir sus costos básicos. «El comercio local no nos da bola. Prefiere poner en radios comerciales de CABA,» dijo, con una franqueza que sintetiza décadas de desigualdad estructural.
Hotschewer aportó una dimensión más amplia al diagnóstico. Mencionó la investigación «Desiertos Informativos II», en la que participó junto a FOPEA y la Fundación Gabo, que documenta la concentración mediática en las grandes ciudades y la reducida presencia de medios en el interior de las provincias. «Una vio cómo los colegas se iban reinventando: un sitio web, un portal, una página de Facebook en algunos casos,» describió. Y agregó que después de la pandemia los medios se achicaron y que el acceso a financiamiento se volvió aún más difícil. Las empresas, señaló, también atraviesan dificultades y muchas veces piden cobertura pero no pueden sostener la pauta.
Frente a eso, la pregunta es inevitable: ¿ven alguna alternativa, alguna salida posible? Hotschewer reconoció que este año la pasó mal, que los medios son espacios todavía difíciles para las mujeres, y que su decisión de cambiar de lugar fue también una apuesta personal por seguir. «Se trata de ir buscando y aunando esfuerzos,» dijo. Y citó a una periodista colombiana que habló en el último congreso de FOPEA: si al periodismo lo agreden, es porque importa.
La precarización del trabajo se expresa también en la acumulación de tareas. «Un mismo colega hace distintas actividades en el mismo medio porque cada vez hay menos gente. Si alguien renuncia, ese puesto no es reemplazado: el que queda asume». El pluriempleo y la multitarea son la respuesta individual a una crisis que el mercado no resuelve. A eso se suman las exigencias de las redes sociales: quien va a cubrir tiene que sacar la foto, hacer el video y después escribir la nota. Todo, solo.
También participó de la conversación Fernando Miguez, quien fue desvinculado de Canal 9 después de dieciséis años sin ningún antecedente en su legajo y con quince minutos para retirarse del edificio. Su caso ilustra otra dimensión del problema: la de los medios públicos como espacios donde la política define quién permanece y quién no. «El que está de turno maneja la pauta: si hablan bien, les pongo; si hablan mal, no». Una práctica histórica que la actual gestión nacional no eliminó sino que redistribuyó a su favor. Según coincidieron los participantes, la baja de la pauta oficial anunciada como gesto de independencia no implicó el retiro del dinero público de los medios, sino su reorientación hacia aquellos alineados con el gobierno.
Para quienes se forman hoy, el panorama es igualmente estrecho. Hotschewer, que ejerce la docencia en el nivel terciario y universitario, reconoció que les aconseja a sus estudiantes pensar en fuentes alternativas de financiamiento, concursos y plataformas. «Ya está muy difícil entrar a un medio tradicional con un salario acorde a la realidad». En Concordia, la carrera de Comunicación Social y la tecnicatura superior egresan entre tres y seis estudiantes por año. Ninguno tiene trabajo garantizado al recibirlo, señaló Maffey y agregó: le digo a mi hija que no estudie periodismo. Después de treinta y un años de oficio, según sus propias palabras, todavía queda «técnicamente en la calle» en la segunda ciudad de Entre Ríos. No lo dice con orgullo sino con la cansada lucidez de quien lleva décadas planteando los mismos problemas en los mismos foros. «Nos juntamos, hacemos relevamientos, vamos a Buenos Aires, volvemos. Y la realidad sigue siendo la misma hace veinte años».
Hotschewer dijo que «es muy difícil el futuro, no lo voy a soslayar», y agregó que lo que la sostiene es la ética: «Por eso no soy millonaria y por eso arranco a la mañana temprano y son las ocho y media de la noche y todavía estoy trabajando».
Esa tensión entre la precariedad estructural y la convicción de ejercer un oficio necesario define el estado del periodismo en Entre Ríos en este 7 de junio. No como paradoja ni como mérito individual, sino como condición de trabajo que el sector viene denunciando desde hace dos décadas sin que ninguna gestión haya dado respuesta de fondo.
