Los casos de enfermedades de salud sexual aumentaron 61% en el último año a nivel nacional. En Entre Ríos, el incremento fue del 47%. Francisco Astudilla, médico infectólogo y director del Programa de VIH de la provincia, analiza en esta entrevista con Y de Repente la Noche por qué las infecciones de transmisión sexual siguen cargando con un estigma que las enfermedades no sexuales no tienen, cómo la desinformación en redes sociales retrasa las consultas médicas y qué significa, en términos concretos, la retirada del Estado de las campañas de prevención.
Cuando hablamos de VIH, pero también de sífilis, gonorrea o clamidia, ¿cómo cambió en los últimos años el panorama de estas enfermedades?
— Los tratamientos actuales convirtieron a estas infecciones en enfermedades crónicas. Eso mejoró la calidad y la expectativa de vida, pero también generó una relajación en los cuidados. Las generaciones de más de 40 años vivieron la crisis del sida a pleno, vieron morir gente, y eso les dejó otro nivel de conciencia: sabían que sin cuidado, la infección terminaba en muerte. Hoy ese nivel de conciencia no está presente de la misma manera en los más jóvenes.
¿Por qué persiste el estigma alrededor de las infecciones de transmisión sexual?
— «El estigma de lo sexual es lo que más pesa». Son infecciones ligadas a lo sexual, y lo sexual se asocia a veces con un privilegio o con un disfrute que termina siendo juzgado. Si una persona se contagia una bronquitis por salir a caminar y encontrarse con otra gente, nadie la responsabiliza. En el sexo, en cambio, sí se culpabiliza a la persona de enfermarse. A esto se suma que durante años se llamó al VIH sida «la peste rosa», asociada a los colectivos gays, en particular al colectivo LGBTIQ+. Hoy la tasa de transmisión es incluso mayor en poblaciones heterosexuales que en el colectivo gay en varias regiones del mundo, pero el mito persiste.
¿Qué consecuencias tiene esa desinformación en el momento de consultar?
— Muchas infecciones son asintomáticas o tienen un período de incubación largo, incluido el VIH. Cuando a eso se suman los mitos, la consulta se demora y muchas veces llega en estadios tardíos. La gonorrea y la clamidia, por ejemplo, siguen siendo la causa número uno de infertilidad en mujeres jóvenes: son infecciones que se diagnostican con un testeo simple y se tratan con una pastilla y una inyección, pero si no se consultan a tiempo, terminan en complicaciones graves para mujeres que después quieren maternar y no pueden.
¿Qué pasó con las campañas estatales de prevención, comparadas con las que existían cuando apareció el sida?
— El uso del preservativo bajó muchísimo, sobre todo en población joven, y no hay tanta distribución en los canales habituales. En TikTok e Instagram hay cuatro o cinco ONG grandes —Fundación Huésped, Ciclo Positivo, la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP)— que modernizaron la forma de informar con memes, videos y referentes para el público joven. Pero son intervenciones dispersas. Antes había una intervención mucho más fuerte del Estado y de los organismos internacionales. Argentina participaba activamente en esas instancias y hoy quedó relegada.
¿Cómo están los números en la provincia?
— De sífilis tuvimos un aumento del 61% a nivel país y del 47% en Entre Ríos respecto del año anterior, con mayor concentración en el rango etario de 16 a 26 años. En VIH, tenemos alrededor de 4.500 pacientes en tratamiento en el sector público, con un rango etario de 21 a 36 años. Los colectivos más afectados, siguiendo la media nacional, son varones que tienen sexo con varones, mujeres trans y trabajadoras y trabajadores sexuales.
¿Qué impacto tiene la falta de acceso a preservativos gratuitos y a la medicación?
— Trabajamos con una estrategia de prevención combinada: preservativos, testeo, tratamiento sostenido y contención. Si se pierde alguno de esos componentes, no se cumplen los objetivos que pide la Organización Panamericana de la Salud: que el 95% de las personas tenga diagnóstico, que el 95% de esas personas esté en tratamiento y que el 95% de las que están en tratamiento llegue a la indetectabilidad. «Cuando la persona está indetectable, no hay faceta de la vida que no se pueda llevar a cabo»: puede maternar, donar óvulos, donar esperma, ser padre. Cuando se pierde esa cobertura, la persona pierde calidad de vida y la posibilidad de sostener una vida sin restricciones. En términos económicos, un mes de tratamiento para VIH cuesta entre 600.000 y 1.200.000 pesos por paciente, según la droga. La prevención —campañas, preservativos, testeo— sale considerablemente más barata que el tratamiento.
¿En qué consiste la PrEP, que mencionan como una herramienta nueva en la provincia?
— Es la Profilaxis Preexposición: una medicación para personas con riesgo aumentado de exposición al VIH. Se toma diariamente o, según el esquema, los fines de semana, y reduce en un 99% el riesgo de adquirir la infección. Es una estrategia nueva en la provincia, lograda en articulación con Nación.
¿Cómo se piensa hoy una comunicación efectiva en redes, sin caer en la desinformación?
— Hubo campañas que surgieron en un momento en que no se podía nombrar directamente la palabra preservativo. Hoy el desafío es distinto: con la masividad de las redes, conviven portales confiables con desinformación de alto alcance. Recomiendo siempre el foro de Fundación Huésped a mis pacientes. El problema es que hay influencers con cientos de miles de seguidores que difunden información falsa —por ejemplo, que las infecciones de transmisión sexual no se contagian si uno «no se lo mentaliza»— y esa desinformación después se traduce en consultas tardías y en más casos.
¿Cuáles serían hoy las prioridades sanitarias frente a este aumento?
— Primero, educación sexual integral en todos los colegios, tal como establece la ley. Segundo, acompañar a la población joven para que consulte sin vergüenza a su médico o médica de confianza. Tercero, sostener el uso de métodos de barrera —preservativo masculino, femenino, campo de látex— en todas las relaciones. Y por último, testeo: hay personas de 30 o 40 años que nunca se testearon una infección de transmisión sexual. Si me testeo, además informo a mis parejas anteriores para que también puedan testearse y tratarse.
¿Dónde pueden consultar quienes nos escuchan?
— El programa funciona en Uruguay 270, de lunes a viernes. También hay un Instagram: Coordinación VIH Entre Ríos y un correo, [email protected], para consultas.
Un mensaje final.
— Que perdamos el tabú. La sexualidad y las relaciones sexuales se pueden vivir con conocimiento, con testeo y con consulta médica. Sale más caro tener vergüenza que consultar a tiempo.

Las ITS por desinformación, por falta de un plan de contralor y por ausencias de responsables en el inicio de la se xualidad en adolescentes han aumentado. Pertenezco a la generación del cuco si tenes relaciones te contagias.En cierta forma tabu y sanción = regular el contralor. Hay otras determinantes y son políticas.