El 15 de julio, en la semifinal del Mundial 2026 disputada en Atlanta, la Selección argentina venció 2 a 1 a Inglaterra y desplegó una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas”, escrita a mano sobre la sábana de un hotel. La imagen recorrió el mundo, motivó una investigación disciplinaria de la FIFA contra la AFA y derivó en Malvinas Sans, la tipografía digital de descarga libre que el diseñador argentino Juan Manuel Pelillo creó a partir del trazo original del cartel. En Y de repente la noche, la artista visual y docente Loreta Ledesma Magni leyó ese episodio como parte de una tradición más amplia: la del afiche y la tipografía popular como herramientas de intervención política en Latinoamérica.
Loreta Ledesma Magni es artista visual y docente, integrante del colectivo Artistas para el Pueblo, cuyo nombre remite a los Artistas del Pueblo que en las décadas de 1960 y 1970 producían afiches manuales y con prensa en sindicatos y fábricas de Buenos Aires y La Plata. Trabaja el oficio tipográfico con tipos móviles y xilografía, y en las últimas semanas produjo estampas propias a partir de Malvinas Sans. Participó de la Bienal de Arte de Venecia y de la Bienal de San Pablo, y da clases en escuelas secundarias, donde utiliza el análisis del diseño gráfico como herramienta didáctica.
Ledesma Magni definió lo sucedido con la bandera como un hecho que excede lo deportivo. “Me parece un acto soberano y democrático y que me parece superinteresante”, dijo sobre la decisión de un grupo de amigos de escribir la frase en una sábana de hotel y hacerla llegar a los jugadores. Para la artista, ese gesto anónimo se transformó en objeto de diseño recién después de circular: “La bandera en sí misma no era un objeto de diseño hasta que la tipografía se transformó en ese objeto”, señaló, y agregó que la letra que Pelillo sistematizó y liberó para uso público es, en sí misma, “una intervención política”.
La artista trazó además un paralelo entre esa caligrafía manuscrita y otro documento gráfico central en la memoria argentina. Dijo estar investigando el vínculo entre la tipografía surgida de la bandera y la portada del informe Nunca Más, “esa letra tan manual” con la que una o varias personas quisieron imprimir un testimonio. En ese cruce, planteó, se puede leer una tradición: la de la letra hecha a mano como forma de decir algo que las tipografías oficiales no dicen. Contrapuso ese origen callejero al de la Montserrat, la fuente diseñada en Argentina y hoy disponible en cualquier procesador de texto, que —recordó— también fue creada por una diseñadora argentina pero terminó estandarizada dentro de los circuitos formales del diseño gráfico.
Consultada por el uso de estéticas populares por parte de marcas comerciales durante el Mundial, Ledesma Magni planteó una mirada crítica pero no clausurada. Contó que estudió el trabajo de diseñadores contratados por Adidas para las camisetas de distintas selecciones —Noruega, con referencias a pueblos originarios; Bélgica, con guiños a Matisse; Argentina, con el firulete porteño y los colores de la bandera— y recuperó también el caso de la camiseta de Haití, censurada por representar la batalla de liberación de ese país frente a Francia. Sobre su propio vínculo con esas contradicciones, fue directa: “Por ahí yo antes tenía una mirada de no me meto con las marcas, pero me parece que uno tiene que insistir”.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la impronta latinoamericana del oficio gráfico. “Hay una impronta fuerte latinoamericana con respecto a los feminismos, a los pueblos originarios, a la materialidad”, dijo, y vinculó ese regreso a lo manual con las condiciones materiales de producción en la región: “Con pocos recursos, con pocos insumos, acá en Argentina la tenemos re clara con solucionar con recursos que hasta vamos inventando”. Sobre el propio proceso de circulación de las piezas que produce junto a Artistas para el Pueblo, explicó: “Nuestras producciones gráficas salen de la calle y pasan a las instituciones, a los museos, a los centros culturales”, en un recorrido que calificó de inverso al habitual.
Ledesma Magni también repasó la historia política de las imprentas en Argentina. Recordó que “el sindicato de impresores fue uno de los que más desaparecidos tuvo” durante la última dictadura militar, por el rol de las imprentas en la difusión de volantes y panfletos, y contrastó esa historia con la persistencia de imprentas manuales en barrios de Brasil, Colombia, Chile y Uruguay. En Argentina, dijo, ese circuito se redujo drásticamente, aunque el fenómeno de Malvinas Sans reactivó en las últimas semanas un movimiento de talleres e imprentas que abrieron sus puertas de forma gratuita para estampar remeras y afiches con la nueva tipografía.
De su paso reciente por la Bienal de Venecia, la artista destacó el pabellón de Palestina como el más movilizador. “¿Cómo puede ser que todavía tengan ganas de producir?”, se preguntó frente a las esculturas expuestas, y definió la experiencia como una muestra de lo que “genera el arte a partir del dolor”. De la Bienal de San Pablo, en tanto, rescató la inversión sostenida de Brasil en política cultural y la presencia de la negritud, lo afro y lo femenino en la producción exhibida.
Sobre el cierre de la entrevista, consultada por el uso de inteligencia artificial en el diseño, Ledesma Magni relató una experiencia con sus alumnos de escuela secundaria a partir de la muerte del músico Indio Solari: les pidió a distintos sistemas de inteligencia artificial que describieran cómo sería el velatorio del artista y ninguno pudo anticipar lo que efectivamente ocurrió como fenómeno social. De esa experiencia extrajo una conclusión sobre los límites de la herramienta: “La inteligencia artificial no piensa, pero sí puede hacer al ser humano pensar en algunas cuestiones de ayuda”.
Para la artista, el recorrido que va de una sábana escrita a mano en un hotel a una tipografía de descarga libre y talleres barriales estampando remeras confirma una idea que atraviesa toda la entrevista: que la letra popular, igual que el afiche sindical de los años setenta, sigue siendo una forma de disputar sentido y memoria por fuera de los circuitos oficiales del diseño.
