Una frase dispara el diálogo de «Caudillas del Barro» en Y de repente la noche: «Todo barro es político».
Luciana Pirro, Susana Zapata y Marisa Núñez Caminos, son esas caudillas, que comparten el pulso vital de un proyecto que se mueve entre la tierra, el cuerpo y la memoria. Desde hace cinco años, estas tres artistas de Victoria vienen construyendo un lenguaje propio que une arte, territorio y feminismos.
“Somos mujeres que venimos trabajando en colectivo. El cuerpo es nuestro lienzo”, cuenta Marisa, mientras explica que lo que las une es la performance: esa práctica donde el gesto, el movimiento y el entorno se vuelven una forma de decir. “A partir de la acción efímera queda el registro —fotográfico o audiovisual— y eso es lo que hoy compartimos como obra”.
El barro aparece como símbolo, materia y refugio. “Todo barro es político”, dicen con convicción. Y detrás de esa frase se despliega una trama que habla de la tierra como memoria y de los cuerpos como territorio.
“Vivimos en un barrio donde la gente vive también del barro. En ese barrio-barro hay divisiones, desigualdades, pero también saberes, historia y comunidad”, explica Luciana.
El barro como piel y territorio
En el relato de las artistas, la arcilla no es solo un material: es una manera de habitar el mundo. “Para mí, la arcilla es otra piel —dice Susana—. Ya no pasa solo por mis manos, sino por todo mi cuerpo. Sentir la arcilla como otra piel fue una transformación enorme”.
Ese contacto directo con la tierra tiene una raíz ancestral. Las Caudillas del Barro recuperan la sabiduría popular y los oficios que perduran, como el del ladrillero artesanal. “Comenzamos en un pisadero, donde todos se mezclan, donde el barro nos iguala. Ahí entendimos su sentido profundo: el trabajo, el fuego, el intercambio, el hacer colectivo».
De esa experiencia surgieron también reflexiones sobre los vínculos entre arte, territorio y resistencia. “Nuestra temática pasa por el cuidado del planeta, el feminismo, el antirracismo y los pueblos originarios. En cada provincia que visitamos, esas problemáticas estaban presentes —cuenta Marisa—. Desde la sequía del Paraná hasta los incendios en las islas, el barro nos fue uniendo con todo lo que duele y lo que resiste”.
Reescribir la historia desde lo femenino
El nombre del colectivo no es casual. “La figura del caudillo siempre fue masculina —dicen—. Nosotras la usamos en femenino, como un gesto de rebeldía. Queremos poner en tensión la figura de la mujer en el arte, recuperar las historias de quienes no tuvieron voz”.
Ese gesto político y poético atraviesa toda su obra. Mujeres de barrio, maestras, ceramistas, escultoras, jubiladas, artistas que eligen el barro como lenguaje común. “El barro no es solo material, es memoria. Nos conecta con lo que somos y con lo que queremos contar —dice Luciana—. Es una forma de tejer redes, de compartir con otros artistas, de abrir el juego”.
Toda esa experiencia colectiva puede verse en la muestra Caudillas del Barro, en el Centro Cultural La Hendija de Paraná. Se trata de una exposición de fotoperformance y videoperformance que recorre cinco años de trabajo y de acciones en distintos territorios del país.
El sábado 15 de noviembre, de 15 a 19 hs, se realizará un taller de performance y una charla abierta con la curadora Celeste Medrano, acompañada por Lucía Stuhrin y Ekaterina Gelroth.
La muestra puede visitarse con entrada libre y gratuita hasta el 21 de noviembre, fecha en la que el colectivo realizará una performance en vivo como cierre, en el marco de La Noche de las Galerías.
“Últimamente no hay programas ni apoyos, y eso se siente —dice Susana—. Pero seguimos, porque esto es pasión, es trabajo y es una forma de vida”.
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