La intendenta de Paraná habla de gestión, consensos y la deuda pendiente con las mujeres en política.
Hay algo en la conversación con Rosario Romero que excede las obras, las cañerías y los planes estratégicos. Aparece una certeza: la política —para que sea verdadera— se construye sobre lo realizado antes, no desde el gesto inaugural. Y que las mujeres que llegan a espacios de poder cargan con una responsabilidad ética: abrir puertas para que otras también lleguen.
Romero es la segunda mujer en la historia de Paraná en presidir la Municipalidad asumió en diciembre de 2023 en un contexto nada sencillo. Con obras paralizadas por la Nación y en un escenario político donde debió gobernar con signos políticos diferentes a nivel provincial y nacional, Romero señala haber elegido el camino del consenso, ese que es «más trabajoso» pero también «más productivo en términos políticos y en términos humanos».
«Antes pensaba que cuando uno iniciaba una gestión tenía que ser fundacional, cometía ese error. Pero revertí esa posición ya hace años. Y no quiero ser fundacional en nada», dice para reivindicar lo que otros hicieron antes. En su balance de estos casi dos años de gestión, destaca haber retomado con fondos municipales obras que habían sido suspendidas por la Nación, como el saneamiento del Arroyo Las Viejas, un proyecto que viene de lejos, que otros imaginaron y que ella decidió continuar.
En este sentido pondera lo que hicieron sus antecesores: Del plan estratégico de Humberto Varisco en los años 80, de las gestiones de Blanca Osuna —la primera mujer intendenta de Paraná (2011-2015)—, de Sergio Varisco, de José Carlos Halle, de Julio Solanas, de todos tomó algo. Obras de agua que reinició, mejoras en el transporte público, el distrito cultural en Juan L. Ortiz, por mencionar algunos ejemplos de la historia y origen que tiene cada obra en quienes empezaron a construir antes de que ella llegara a la gestión.
«Todos transitamos y tenemos que ser agradecidos sobre cosas que otros han hecho», insiste. Y agrega algo que debería ser obvio pero que a veces se olvida en la vorágine de la política: «Los fondos que invierto desde la municipalidad no son de mi cartera, son de los paranaenses».
Esfuerzo 100% paranaense
El contexto de su gestión es, cuanto menos, desafiante. El gobierno nacional abandonó obras clave como el Planetario de Paraná, el acueducto metropolitano y conexiones viales estratégicas. Pero Romero decidió no quedarse en la queja. Con una inversión de 1.900 millones de pesos de fondos municipales, retomó el saneamiento del Arroyo Las Viejas para tenerlo listo para la temporada de verano.
«Hemos tenido la obligación de buscar los consensos, a buscar acuerdos, a establecer vínculos y en lo que hemos podido, a transitar en todo lo que es obra pública con el esfuerzo propio», explica. Por eso el lema «esfuerzo 100% paranaense» no es marketing: es una realidad económica y política. «En la medida que las y los vecinos respondan con las tasas, nosotros estamos poniendo esta obra en la ciudad».
El resultado está a la vista: la calle Ambrosetti transformada, el Thompson boyado por primera vez en 15 años con posibilidad de que la gente ingrese al agua, dos filtros biológicos que permitirán mantener limpio el arroyo. «Va a quedar precioso. Va a ser una calle de entrada otra vez a una de las puestas de sol más lindas que tiene la ciudad», señala en este diálogo.
Durante 2024 implementó el programa Paraná 100% LED para renovar el alumbrado público con ahorro energético del 50 por ciento simplificó trámites administrativos y creó las Audiencias Resolutivas que resolvieron loteos que llevaban años trabados, beneficiando a alrededor de 4 mil familias.
«El gobierno local para mí es una oportunidad extraordinaria de vínculo directo con el ciudadano», dice Romero. Y en esa cercanía encuentra tanto la dificultad como la satisfacción del cargo. «Se reniega cotidianamente, hay un desafío todos los días, hay un problema que solucionar todos los días, pero tiene la ventaja de que un resultado lo ves cercano».
No todo es inmediato, claro. Hay proyectos que trascienden gestiones, como el colector cloacal que cubra el Arroyo Tuyucuá y toda la zona sur de la ciudad, para dejar de tirar desfrentes cloacales al río. «En ese proceso, quizás yo deje una cosa empezada para el que siga», reconoce Romero que advierte que antes de 2027 quiere tener algo en marcha.
También está trabajando en un distrito cultural en la zona de Juan L. Ortiz, que espera dejar listo durante 2026. En este sentido, la apuesta municipal es fortalecer el movimiento cultural de la ciudad.
«Yo reivindico los gobiernos locales, que desde ahí se construye democracia», afirma.
La deuda con las mujeres en política
Rosario Romero es consciente de su lugar en la historia: es la segunda mujer intendenta de Paraná. La primera fue Blanca Osuna, quien gobernó entre 2011 y 2015. Desde el retorno de la democracia en 1983, solo dos mujeres han conducido la capital entrerriana en 40 años de historia democrática.
«Es una deuda, todavía», responde cuando se le pregunta sobre la participación de las mujeres en política. «Nosotras tenemos la obligación de generar espacio para que otras sean. Por eso ustedes van a ver en nuestros equipos que hay chicas jóvenes, chicos jóvenes que uno tiene que ir prohijando a otros. Nuestros ciclos se acaban en algún momento y hay que transferir esas experiencias y las mujeres tenemos que abrir puertas a otras mujeres. Es una obligación que tenemos».
Romero señala que el diálogo y el consenso es su forma de entender la política. Pero también de entender su responsabilidad como mujer en un espacio históricamente masculino.
«Transitando el siglo XXI, yo veo que hay relaciones de más igualdad entre varón y mujer, pero seguimos viendo todavía situaciones de violencia. De hecho los últimos tiempos nos han asolado algunos casos de violencia en Entre Ríos y en el país que son muy conocidos. Todavía existe mucho por hacer en torno a las desigualdades. Y en la participación política, bueno, tienen que ser más las mujeres que protagonizan. En eso siento que tengo una responsabilidad y trato de ponerlo en marcha».
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