Maximiliano Camarda, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER e investigador del INES-CONICET, dialogó con Y de repente la noche sobre la reciente inauguración del Laboratorio de Digitalización del Patrimonio Documental de Entre Ríos. Un espacio clave para la preservación de archivos públicos y privados, la construcción de la memoria colectiva y el acceso democrático al conocimiento, en un contexto marcado por el fuerte desfinanciamiento del sistema científico nacional.
La Universidad Nacional de Entre Ríos inauguró recientemente el Laboratorio de Digitalización del Patrimonio Documental, un proyecto que articula investigación, extensión y vinculación tecnológica, y que busca preservar, organizar y difundir archivos históricos de la provincia. Al frente de la iniciativa se encuentra Maximiliano Camarda, historiador, docente universitario e investigador del CONICET, quien explicó que el laboratorio es el resultado de varios años de trabajo previo y de articulaciones locales e internacionales.
Un proyecto con raíces internacionales y anclaje local
El laboratorio surge como derivación de un proyecto de investigación internacional financiado por la Unión Europea, en el marco de los programas Horizon – Marie Curie, que reúne universidades de España, Grecia, Cuba y Argentina. El objetivo central de ese proyecto es la digitalización y procesamiento de imágenes de prensa histórica, especialmente vinculadas al ingreso de embarcaciones y la actividad portuaria en ciudades como Marsella, Buenos Aires, La Habana y Barcelona.
Ese trabajo interdisciplinario —que combina historiadores e ingenieros informáticos— permitió desarrollar herramientas para procesar grandes volúmenes de imágenes, cargarlas en bases de datos y generar visualizaciones accesibles a través de la web. A partir de esa experiencia, el equipo comenzó a pensar la necesidad de crear un repositorio regional del patrimonio documental entrerriano, no solo como resguardo, sino como herramienta de investigación y construcción identitaria.
Equipamiento, universidad pública y cooperación internacional
El impulso definitivo llegó a partir de una convocatoria de la UNER destinada a equipamiento para grupos de investigación. A través de ese financiamiento se adquirieron escáneres de alta calidad, se adecuó un aula —el aula 6, donde hoy funciona el laboratorio— y se consolidó un trabajo conjunto entre equipos de historia, educación y trabajo social de distintas facultades.
A esto se sumó el financiamiento europeo, que permitió la compra de una computadora de última generación, diseñada para entrenar modelos de inteligencia artificial. Se trata de un equipo de altísima capacidad de procesamiento, indispensable para trabajar con grandes volúmenes de datos e imágenes.
“La idea ya no es solo digitalizar para guardar, sino también procesar, analizar y difundir esa información, incluso a través de páginas web propias y servidores específicos”, explicó Camarda.
¿Qué materiales se digitalizan?
El laboratorio trabaja con una amplia diversidad de materiales y períodos históricos. Entre los ejemplos más destacados se encuentran:
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Archivo fotográfico de la Fiesta Nacional de la Avicultura de Crespo, con alrededor de 300 imágenes desde la década de 1960: reinas, candidatas, visitas de ministros y gobernadores, artistas y escenas de la vida social de la ciudad.
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Actas históricas de instituciones como ATE Entre Ríos y los Bomberos Voluntarios de Crespo, algunas con más de 100 años de antigüedad.
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Revistas sindicales de los años 80, diarios locales como El Paceño y documentación de archivos municipales.
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Materiales vinculados a clubes, asociaciones rurales, bibliotecas populares y organizaciones sociales.
Las imágenes se digitalizan en formatos de alta calidad (TIFF, sin compresión), lo que permite preservar al máximo el detalle original y habilitar futuras manipulaciones o análisis sin pérdida de información.
Archivos institucionales, personales y familiares
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es su carácter abierto. El laboratorio no está pensado solo para archivos institucionales, sino también para archivos personales y familiares, fotografías privadas, documentos de actores sociales, políticos o culturales, siempre que exista voluntad de preservarlos y —en algunos casos— de hacerlos accesibles al público.
Camarda señaló que muchas veces los archivos familiares, con el paso del tiempo, se convierten en fuentes clave para comprender una época, una comunidad o una práctica social. La digitalización permite conservarlos sin reemplazar al original, que sigue siendo insustituible.
“El material físico no se elimina. La digitalización es una forma de resguardo frente a incendios, deterioros o pérdidas irreversibles, como ha ocurrido históricamente con muchos archivos”, explicó.
Tecnología, memoria y acceso al conocimiento
El paso del formato físico al digital transforma radicalmente el acceso al conocimiento, tanto en las ciencias sociales como en las ciencias duras. Camarda, especialista en historia cuantitativa, recordó cómo antes los análisis se hacían “palito por palito”, mientras que hoy las herramientas informáticas permiten formular nuevas preguntas y procesar volúmenes de datos antes impensados.
Sin embargo, también advirtió sobre los límites: los archivos digitales dependen de infraestructuras tecnológicas y de políticas de resguardo, como la duplicación en distintos servidores. Por eso, la organización, catalogación y preservación física siguen siendo fundamentales.
El objetivo de fondo es claro: democratizar el acceso al patrimonio documental entrerriano, facilitar la investigación y fortalecer la memoria colectiva del territorio.
Ciencia sin financiamiento: un presente crítico
Consultado sobre la situación actual del sistema científico-tecnológico argentino, Camarda fue contundente: “Estamos en una situación de debilidad absoluta”. Señaló que el laboratorio solo pudo concretarse gracias al esfuerzo de la universidad pública y al financiamiento internacional, ya que no existen hoy líneas nacionales de financiamiento científico activas.
“La paradoja es que no hay líneas prioritarias: directamente no hay ninguna. La ciencia argentina hoy se sostiene, en gran medida, con financiamiento extranjero”, afirmó. Incluso áreas estratégicas como la inteligencia artificial o la ciencia aplicada carecen de respaldo estatal.
En este contexto, el equipo recurre a convenios con entidades privadas, bajo mecanismos institucionales del CONICET, para poder sostener equipamiento y trabajo técnico, combinando preservación patrimonial con servicios de digitalización.
Mirar hacia adelante
A pesar del escenario adverso, el laboratorio continúa creciendo paso a paso. Entre los desafíos futuros se encuentra el trabajo con prensa de gran formato del Archivo Histórico de Entre Ríos, la digitalización de nuevos fondos documentales y la creación de plataformas web accesibles en distintos idiomas.
“Vivimos de la ciencia y creemos que es fundamental para el desarrollo de la sociedad”, sostuvo Camarda. Preservar el pasado, en este caso, también es una forma de defender el futuro.
