Adolescentes en crisis: ¿quién responde cuando los adultos miramos para otro lado?

Por Y de repente la noche


El caso de San Cristóbal, en Santa Fe, donde un joven ingresó armado a una escuela y mató a otro estudiante, volvió a instalar en la agenda pública una pregunta que incomoda: ¿qué está pasando con las adolescencias? No como fenómeno aislado, sino como síntoma de algo más profundo y colectivo.

Entre Ríos no está al margen de esa pregunta. La provincia registra la tasa más alta del país en suicidios, con una incidencia significativa en la franja etaria de niños, niñas y adolescentes. Es un dato que el campo de la salud mental viene señalando hace años y que la agenda pública tarda en procesar con la misma urgencia con que reacciona ante los hechos de violencia visible. Ambos fenómenos, sin embargo, comparten raíces: adolescencias que transitan etapas constitutivas sin referentes adultos, sin espacios donde circular la palabra, sin respuestas institucionales a tiempo.

Para analizarlo, en Y de repente la noche conversamos con Natalia Pautaso, licenciada en psicología, acompañante terapéutica, egresada de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la UADER. Su trabajo se concentra en infancias, adolescencia y el ámbito escolar. También integra el equipo de extensión sobre producción social de la discapacidad de la Facultad de Trabajo Social de la UNER y ha participado como autora en publicaciones sobre inclusión educativa y clínica con niños y jóvenes.

¿Qué está viendo el campo de la salud mental en Entre Ríos en relación a las adolescencias?

-Estamos en un índice alarmante en Entre Ríos. Entre Ríos tiene la tasa más alta del país en tema de suicidio. Frente a los casos de violencia que involucran a adolescentes, la respuesta social más inmediata suele ser la punición.

 

«Se acciona a partir de las consecuencias. Pero ¿por qué no miramos un poco más adelante y vemos qué es lo que le pasa a esta adolescencia?» advirtió Pautaso y señaló que esa reacción, aunque comprensible, obtura el análisis.

 

La adolescencia como etapa vital no cambió. Lo que cambió es el escenario.La adolescencia sigue siendo una etapa de construcción de identidad, de ruptura con el mundo infantil, de búsqueda. Eso no es nuevo. Lo que cambió es el contexto en el que esa etapa se atraviesa.

-¿De qué crisis estamos hablando hoy cuando hablamos de adolescencia?

– Lo que le pasa a los adolescentes es lo que nos pasó a todos. Lo que cambia es el escenario. En ese escenario, el bullying ya no queda circunscripto a la escuela o al barrio. Las redes lo amplían a una dimensión sin límite espacial ni temporal. Y la respuesta adulta, en muchos casos, es el alejamiento.

 

«Los adultos somos los referentes, los que somos sostén y que marcamos una ley frente a estas adolescencias. Nos alejamos por pensar que no entendemos»- Natalia Pautaso

 

¿Qué es lo que están viendo las y los especialistas en sus consultorios y espacios de trabajo?

–  Hay una tensión que atraviesa familias, escuelas y sociedad: los adultos referentes se han ido corriendo, en parte por no entender los códigos de esta generación, en parte por el agotamiento que impone el contexto económico y social.

 

«El adolescente se siente no mirado, se siente no escuchado, se siente que no hay un otro que lo represente, no hay un otro que lo sostenga y que es el garante de esa ley para donde sostenerse»- Natalia Pautaso

 

Y señaló una paradoja que muchos adultos reconocerán: ¿Cuántas veces son los adolescentes o los jóvenes los que te dicen: ‘Che, dejá el teléfono’? Los docentes hacen doble turno. Las familias trabajan todo el día para cubrir necesidades básicas. La escuela, que durante mucho tiempo fue un espacio de contención, también acusa el agotamiento del sistema.

«Estamos en múltiples funciones y se está dejando de mirar esas adolescencias, se está minimizando lo que pasa».

 

El sistema de salud mental: la respuesta que llega tarde y dura poco

¿Qué encuentran los adolescentes cuando buscan atención en el sistema público de salud mental?

-Muchas veces pasa que habían esperado tres o cuatro meses para que les dieran un turno y estaban una vez al mes veinte minutos. Les era insuficiente y tenían cosas que les urgían para hablar. A eso se suma la preocupación del campo profesional por la incorporación de inteligencia artificial como herramienta de respuesta a las adolescencias en crisis. Estás hablando con una inteligencia artificial y si detecta algo, te deriva a un centro donde otra vez pasás tres meses, veinte minutos, una vez al mes.

El espejo que devuelven las redes

¿Cómo incide en la construcción de identidad adolescente lo que circula en las plataformas digitales?

-¿Qué es lo que le devuelve ese espejo? Son sujetos que están construyendo su identidad, están en plena construcción. ¿Qué le está devolviendo ese otro social, ese otro institucional? son algunas de las preguntas. Instagram, por ejemplo es la ficción permanente: el éxito, la alegría constante, la vida ideal. Y en ese mismo espacio conviven los discursos de odio.

«Un comentario en un adolescente que está constituyendo su psiquismo puede realmente destruirlo. Son palabras que atraviesan su cuerpo».

 

La serie Adolescencia, de Netflix, por ejemplo que aborda precisamente la distancia entre el lenguaje adulto y los códigos que circulan entre jóvenes en plataformas digitales. Un corazón amarillo puede significar algo completamente distinto de lo que un adulto supone. La brecha no es solo generacional: es interpretativa.

«Cuando algo te aleja o algo realmente no sabés, ¿por qué no aparece la pregunta y la intriga? ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué pasa? ¿Cómo se comunican?»

 

El celular en las escuelas: límite sí, pero desde dónde

-¿Cuál es tu postura respecto de limitar el uso de celulares en los establecimientos educativos?

-Me parece que siempre la limitación de estar en otro lugar es conveniente. El celular es estar en otro lugar, en otra conversación. Pero el límite debe ser desde lo amoroso, de poner límites desde el entendimiento, de decir: ‘Bueno, dejá eso y te ofrezco otra cosa’.

Y sobre el riesgo de usar la pantalla como sustituto del vínculo:

Estamos tapando un síntoma, estamos tapando una angustia, estamos tapando un tiempo compartido para que entre el otro que le muestra un mundo diferente.

 

El adultocentrismo como problema de fondo

Retomando una reflexión del sociólogo Santiago Morales, que trabaja esta perspectiva, Pautaso planteó una pregunta que sintetiza el debate:

«¿Qué mundo estamos construyendo para que la violencia letal se vuelva una posibilidad en la vida de las niñeces?»

La respuesta, dijo, no pasa por distribuir culpas entre familias e instituciones. «Esto es una invitación a hacerse responsable y no buscar responsables. No es de una familia, no es de una escuela. Es de todos».

 

¿Qué reflexión o recomendación dejarías a quienes acompañan adolescencias?

-En vez de preguntarnos por qué pasó esto, preguntarnos para qué. El por qué cierra, obtura. El para qué habilita: ¿qué tenemos que hacer a partir de ahora?

Y sobre lo que está en juego cuando los adultos se corren:

«Transitar la adolescencia en soledad y con un poder que es ficticio es muy angustiante y es muy peligroso. Es tener un arma sin saber usarla. Acompañemos esas adolescencias».


Natalia Pautaso es licenciada en psicología, acompañante terapéutica y especialista en infancias, adolescencia y ámbito escolar.

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