En un escenario donde las convocatorias políticas pierden capacidad de interpelación y credibilidad, emergen formas alternativas de encuentro colectivo que tensionan los formatos tradicionales. La reciente intervención del sacerdote y DJ Guillherme Peixoto en Buenos Aires, con una sesión de música electrónica en homenaje al Papa Francisco, se inscribe en ese movimiento: una Iglesia que ensaya códigos culturales no convencionales para reconstruir vínculo social.
Lejos de ser un hecho anecdótico, la escena dialoga con debates más profundos que atraviesan hoy a la institución. El sacerdote de Opción por los pobres, Lautaro Belloni los sintetiza en clave estructural, pastoral y política.
“Hay una crisis de representación que también nos atraviesa”
Belloni no separa la situación eclesial del clima social más amplio. La pérdida de credibilidad en la política impacta también en las instituciones religiosas.
“La gente ya no responde automáticamente a las convocatorias, ni políticas ni religiosas. Hay una crisis de representación general que nos obliga a repensar cómo generar comunidad”, afirma.
En ese marco, experiencias como la de Peixoto funcionan como dispositivos de irrupción simbólica: rompen con la liturgia clásica y buscan captar la atención en un ecosistema saturado de estímulos.
Ministerialidad y reorganización interna
Uno de los debates centrales es el de la ministerialidad, es decir, cómo redistribuir funciones en una Iglesia donde el esquema clerical tradicional muestra límites operativos.
“Todos tienen la misma dignidad, pero no todos cumplen el mismo rol. El desafío es jerarquizar esas funciones sin clericalizar todo”, explica poniendo de relieve la necesidad de ir al encuentro de las personas que históricamente han quedado por fuera de las estructuras.
Este punto se conecta con la crisis de vocaciones, que obliga a revisar el modelo de conducción. “Hay menos sacerdotes para más comunidades. Eso exige pensar formas de acompañamiento más horizontales”, señala.
Cercanía en un contexto de desafección
La dificultad para convocar no es exclusiva de la política. También alcanza a la Iglesia, que enfrenta una pérdida de centralidad cultural.
“El desafío es cómo ser una Iglesia más cercana, más comprensible para la vida cotidiana de la gente”, sostiene Belloni.
Aquí es donde los nuevos lenguajes —como la música electrónica en clave pastoral— adquieren relevancia. No modifican el contenido doctrinal, pero sí el canal de comunicación.
Tensiones: género, política y diversidad
Belloni identifica tres áreas de conflicto que estructuran buena parte de la discusión interna: la relación con lo político en un contexto de desconfianza institucional; el vínculo con las diversidades sexuales; y el rol de la mujer.
Sobre este último punto, aporta un dato concreto: el 70 por ciento de las comunidades están sostenidas por mujeres. “No estamos planteando la ordenación sacerdotal femenina, pero sí revisando qué lugar real ocupan en la toma de decisiones”, indica.
Estructuras en revisión
El diagnóstico incluye una crítica a las estructuras caducas, que persisten sin eficacia en el contexto actual. “Hay formas muy rígidas que ya no generan sentido. Sostenerlas por inercia nos aleja más de la realidad”, advierte. De ahí la necesidad de abrir el diálogo, incluso con sectores con los que existen desacuerdos.
“Si no entendemos el mundo en el que vivimos, no hay posibilidad de construir comunidad”, plantea.
Entre la liturgia y la cultura
La escena del sacerdote DJ puede leerse como un intento de intervención en un terreno donde la política muestra dificultades: la generación de experiencias colectivas significativas.
El cura Guillherme, que fue duramente cuestionado por un sector de la Iglesia, ha manifestado que no se trata de reemplazar la liturgia, sino de expandir los modos de presencia. En un contexto de fragmentación social y descreimiento institucional, estos gestos adquieren un valor estratégico.
La Iglesia, como otras instituciones, enfrenta el mismo dilema: cómo convocar cuando los formatos tradicionales ya no alcanzan. Las respuestas, por ahora, combinan revisión interna y experimentación cultural.
