La Sociedad Argentina de Pediatría formalizó el 16 de abril un reclamo ante el Ministerio de Salud de la Nación, a cargo de Mario Lugones, por la falta de disponibilidad de vacunas del Calendario Nacional en distintas jurisdicciones. La advertencia no es menor: se trata de una política sanitaria sostenida durante décadas, con impacto directo en la reducción de la mortalidad infantil y la erradicación de enfermedades inmunoprevenibles.
En Entre Ríos, la situación también presenta señales de deterioro. Relevamientos periodísticos confirmaron demoras en la distribución y faltantes de dosis, lo que obliga a reprogramar turnos y dificulta completar esquemas obligatorios, especialmente en niños en edad escolar.
En diálogo con Y de repente la noche, la médica nefróloga Anabella Colazo y el pediatra Roberto Ariel, referentes de la filial Paraná de la entidad, describieron un escenario que combina problemas de provisión, caída de coberturas y pérdida de confianza social en la vacunación.
“El retraso de la entrega y la falta de disponibilidad en ciertos lugares retrasa el hecho de completar el carnet de vacunación y afecta la inmunidad colectiva”.
La inmunidad de rebaño, explicaron, es una construcción social que depende de altos niveles de cobertura. No se trata únicamente de protección individual, sino de una barrera epidemiológica que protege a quienes no pueden vacunarse. “No solo es la vacuna individual que no se coloca, también colabora con que protejamos a los otros más vulnerables, como los niños, los ancianos o pacientes inmunocomprometidos”.
El deterioro de los indicadores es significativo. Según los especialistas, Argentina pasó de coberturas cercanas al 90–95% a niveles que rondan el 50% en algunos esquemas.“Hoy hablamos de cobertura del 50 por ciento, es bajísima”.
El fenómeno es multifactorial. La pandemia interrumpió controles de salud y generó desconfianza, mientras que la circulación de discursos antivacunas amplificó dudas en la población. A esto se suma la falta de información oficial sostenida. En ese contexto, los faltantes de vacunas como la triple viral, la de varicela, HPV o la antigripal adquieren una dimensión crítica. No son eventos aislados: impactan en la continuidad de los esquemas y abren la puerta a la reemergencia de enfermedades.
“Que haya faltante de vacuna se va a traducir a corto plazo en enfermedades que antes no veíamos”.
El señalamiento no es teórico. Los profesionales apelan a la experiencia clínica directa. “Yo he visto morirse chicos de sarampión, de poliomielitis, de tétano. No me la contaron”, señaló Ariel, mientras subrayó que las vacunas constituyen una de las intervenciones más eficaces y económicas en salud pública. “Previenen casi 5 millones de muertes cada año” puntualizaron.
La pérdida de cobertura no solo implica un riesgo sanitario, sino también un aumento de costos para el sistema de salud, ante la eventual aparición de cuadros graves que requieren internación. En paralelo, advierten sobre un cambio cultural que erosiona la percepción del riesgo.
“La gente le perdió el miedo a las enfermedades porque gracias a las vacunas se ven poco”.
Esa percepción se combina con la proliferación de información sin respaldo científico. “La gente se informa por redes donde opinan personas sin formación y eso hace mucho daño” sostuvo Ariel quien reclamó sanciones para quienes difunden información falsa y sin sustento científico.
El debate remite de manera directa al rol del Estado. La vacunación en Argentina está regulada por ley y forma parte de una estrategia federal que históricamente garantizó acceso gratuito y obligatorio. “Es una política de salud pública que no tiene color político y ha disminuido la mortalidad”.
La responsabilidad estatal no se limita a la provisión de dosis. Incluye la planificación logística, la distribución equitativa, la comunicación pública y el cumplimiento del marco normativo. “Es un derecho, pero también es un deber y hay una ley que cumplir”.
En ese sentido, los especialistas remarcan que el objetivo central es recuperar niveles de cobertura y restituir la confianza en el sistema.“Lo que más nos interesa es que los chicos estén bien vacunados”.
La faltante de vacunas no es un episodio aislado. Expone tensiones en la capacidad de rectoría del sistema sanitario. Sin provisión sostenida, sin estrategias activas de recuperación de coberturas y sin una política comunicacional basada en evidencia, el riesgo es retroceder en indicadores epidemiológicos que muestran un retroceso en materia de salud de la población.
